—¿Qué vas a hacer?
El hombre se le fue acercando mientras la recorría con la mirada.
—La neta, sí estás bonita… Amor, esta vez sí te luciste: me trajiste a una mujer de primera.
Mónica se quedó en shock. ¿Esa mujer era su esposa?
Estaban haciendo esto en pareja.
—Amor, con que a ti te guste. ¿Ya no estás enojado conmigo?
—No, no. Te quedó perfecto.
El hombre, dicho eso, estiró la mano para jalarle el pantalón a Mónica.
—¡¿Qué haces?! —Mónica se hizo bolita en una esquina de la cama.
—Pues estar contigo. Estás bien suavecita… ya ni aguanto.
Mónica no podía creerlo: él quería abusar de ella frente a su esposa.
Volteó hacia la mujer.
—¿De verdad vas a dejar que tu marido esté con otra?
La respuesta la dejó sin palabras.
—¿Y por qué no? Con que mi marido esté contento, basta. Que lo atiendas es un honor para ti.
Mónica se quedó muda.
—Tú… eres la mujer más absurda que he visto. ¿Cómo puede existir alguien así?
Que la esposa se hiciera pasar por embarazada para engañar mujeres… era una locura.
La mujer siguió, como si nada:
—¿Crees que me da gusto? Es porque yo no sirvo, no lo dejo satisfecho… así que tengo que buscarle a alguien que sí le guste.
Mónica se quedó helada.
Entendió que llevaban años casados y que él ya estaba harto de ella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia