—Abuela, ya lo pensé. Aunque está difícil, soy de los Galindo, y voy a buscar la manera. No se preocupe. Yo creo que el señor Urbina ya debe estar mejor; cuando salga del hospital, voy a preguntarlo todo y a entender qué pasó.
Olivia, por dentro, se quedó mucho más tranquila.
Pero igual se puso lista.
Con una sonrisa, remató:
—Nuria, mi niña… no solo lo averigües. Haz que Grupo Alcántara retome la colaboración con los Galindo. Eso sí nos conviene.
Helena miró a Olivia con coraje. Con lo de hace rato, nada más de verla le daba asco.
Nuria sonrió, apenas.
—Tía Olivia, tranquila. Lo voy a hacer.
La abuela asintió, satisfecha.
—Eso, Nuria sí sabe responder. Nuria tiene más capacidad que cualquiera de ustedes.
La familia de Helena, al recibir el elogio, levantó la barbilla, orgullosa.
…
La casa de Rivas.
Saúl entró usando uniforme de repartidor.
Los empleados casi no lo reconocieron.
—Señor Saúl…
Saúl ni los peló y se fue directo a buscar a Anaís.
Anaís estaba en su cuarto hablando por teléfono cuando, de repente, la puerta se abrió de golpe.
Se asustó tanto que se le cayó el celular al piso.
—Saúl, ¿por qué no tocaste?
Saúl cerró la puerta por dentro y se le fue encima.
—¿Vas a seguir actuando?
Anaís lo entendió al instante: seguro Cecilia ya le había dicho algo.

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