Leandro se detuvo de inmediato.
—Señor Leandro, ya no brinque, ¿sí? Me cansé tantito —le dijo Cecilia, con voz suave.
Leandro se calmó de verdad.
Dalila se emocionó.
—No puedo creerlo… el señor Leandro sí le hace caso a la señorita Galindo.
Valeria también se sintió aliviada.
—Sí… parece que Leandro y Cecilia se llevaron.
—Señora Ledesma, ya es tarde. Yo también debería irme.
Valeria le dijo a Dalila:
—Márcale a Laura para que venga por el señor Leandro.
—No quiero… no quiero irme… quiero estar con la señorita Cici —Leandro volvió a agarrarle la ropa a Cecilia y se alteró.
Cecilia lo vio y dijo:
—Señora Ledesma… hay algo que no sé si deba decir.
Valeria respondió con calma:
—Dilo, Cecilia. No tienes que andar con rodeos conmigo.
—Yo creo que al señor Rivas no deberían tenerlo fuera. La gente que lo cuida allá… seguro no lo está cuidando bien. Si no, ¿por qué le daría tanto miedo regresar? Además, dicen que seguido se sale solo. A lo mejor hay algo detrás.
Dalila entendió algo de golpe.
—Señora… cuando lo estaban bañando, dijeron que traía heridas. Yo pensé que se las había hecho afuera. ¿Quiere ver?
Valeria se acercó, le levantó la playera y se quedó helada: tenía varios moretones.

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