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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 187

La abuela se alegró.

—Thiago, si eso es cierto, ¡Teresa es increíble! No me imaginé que en esta familia saliera alguien así.

Marina, al ver a la abuela tan impactada, también se sintió orgullosa.

Sus hijos estaban dando la cara por ella.

A la tercera rama se le borró la sonrisa. Ellos sentían que su hija Nuria ya era bastante buena.

Isabel y Teresa no tenían cómo competir.

Y ahora resultaba que la rama principal les pasaba por encima de golpe.

Por más que su hija se esforzara, frente a Teresa parecía opacarse.

Era Estudio Cobalto.

Una marca de lujo famosa a nivel internacional.

Entrar ahí era un honor.

Isabel no lo aceptaba.

Ella ya había averiguado: Teresa ni siquiera había ido a la universidad. Sin estudios, ¿cómo la habían dejado entrar?

—Tío Thiago, entonces quiero preguntar algo: ¿cómo entró Teresa a Estudio Cobalto? Hasta donde yo sé, son súper estrictos. Hay diseñadores buenísimos que regresan del extranjero y ni así pueden. Teresa ni universidad tiene… ¿no será que entró a limpiar? Digo, allá también hay muchos puestos —dijo Isabel, con veneno.

Ahora sí Teresa no se aguantó.

—No entré a limpiar. Entré como diseñadora. Ya puedo hacer diseños por mi cuenta.

Isabel se tapó la boca y se rió.

—Ay, sí, claro. ¿Y te alcanza con eso? ¿Tienes los estudios? O más bien… tu tío movió contactos para meterte por atrás.

Cecilia ya no aguantó y le contestó:

—Teresa entró por mérito propio. A Estudio Cobalto le gustaron sus diseños. No tendrá estudios, pero tiene talento. Y, que yo sepa, Elisa tampoco tiene carrera, y aun así lo que diseña mucha gente lo busca. Así que no, los estudios no lo son todo.

Tantos elogios de golpe la dejaron sin reacción.

Teresa no sabía ni cómo reaccionar.

Al final, a esa abuela casi no la había visto en su vida.

Y aunque se hubieran cruzado antes, con tantos nietos en la familia Galindo, la abuela jamás la volteaba a ver.

Teresa entendía perfectamente por qué ahora la trataban distinto.

No era por ella: era por el prestigio de Estudio Cobalto.

Si ese día siguiera repartiendo comida, la escena sería otra.

—Gracias, abuela —dijo Teresa, a fuerzas.

Los de la segunda y tercera rama, al verla tan bien parada con la abuela, estaban que se morían de envidia.

***

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