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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 185

¡Pum!

Un golpe de palo le cayó en las piernas. Se las destrozó.

—¡Aaah! —Noé soltó un grito.

Escuchó clarito cómo se le quebraban los huesos.

El dolor era tan brutal que ni podía hablar bien.

Y no fue todo.

El atacante, con una barra de metal, le fue reventando también los brazos.

El crujido se repetía una y otra vez.

Casi todas las articulaciones se le hicieron pedazos.

Y ni siquiera alcanzó a ver bien a la persona del sillón. Solo distinguió, frente a él, un par de pies.

Esos pies lo pisaron contra el piso, como para dejarlo ahí para siempre.

Después de la tortura, Noé se desmayó.

El atacante dijo con desprecio:

—¿Querían ponerse contra mi jefe? Se están buscando la muerte.

Aunque el jefe los dejara pasar, él no iba a perdonar.

Él siempre iba a cuidar a su jefe.

Para él, su jefe era intocable.

Esa bola de miserables no sabía con quién se metía.

Fin de semana, en la casa de los Galindo.

La abuela reunió a toda la familia a comer.

Era de las pocas veces que estaban todos.

Ahí estaban los hijos de la primera, segunda y tercera rama.

Incluso Adrián, Daniel y Teresa fueron.

Al final, “familia es familia”, y las apariencias se cuidan.

En la mesa, todos alrededor de una mesa redonda. La familia Galindo sí era numerosa.

La mesa se veía armoniosa, pero en realidad cada quien traía lo suyo.

—Thiago sí tiene capacidad. Desde que la fábrica electrónica quedó en sus manos, ha ido mucho mejor que cuando la llevaba Facundo. Facundo, Patricio: aprendan de su hermano mayor —añadió la abuela.

Patricio asintió. Facundo, en cambio, se veía claramente inconforme.

Se notaba que lo de hace rato era pura cortesía, no sinceridad.

—Por cierto, Thiago… escuché que Adrián ya tiene novia —la abuela miró a Adrián.

Ese niño había sido su primer nieto varón; ella sí lo quiso. De chiquito era muy listo.

De todos los hijos de la primera rama, era el único al que la abuela cargó y consintió de verdad.

Lástima que después se cayó por las escaleras y “se quedó mal”, y luego se fueron de la familia Galindo y ella ya no lo volvió a ver.

Thiago le hizo una seña a Adrián para que le contestara a la abuela.

Adrián sonrió, medio bobo.

—Sí… sí, abuela.

La segunda y tercera rama, al verlo, no pudieron evitar mostrar desprecio.

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