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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 103

—Pero hoy a los de la Escudería Ignacio los conocemos a todos; Triana no es de ellos. Entonces sí era alguien de último minuto… Oye, y con Ignacio venían dos hombres más, ¿no? ¿Será uno de esos?

Alonso pensó en Saúl y Benjamín.

—No puede ser. Benjamín está más quebrado que nada; ni moto tiene, jamás ha corrido. Y el otro, Saúl… dicen que era paralítico. Aunque ya esté mejor, no creo que esté para competir aquí. Así que tampoco.

—Entonces, ¿quién es?

—Da igual. Luego le saco la sopa a Ignacio. A Triana lo tengo que conocer; es mi ídolo.

Cecilia y los demás se regresaron en carro a la ciudad y se reunieron con Ignacio.

Estaban tan contentos que Ignacio dijo que invitaba la cena.

Así que se fueron por una parrillada.

En una terraza, entre carne asada y chelas, se la pasaron a toda madre.

La identidad de Cecilia la sabían pocos; Ignacio les pidió discreción.

—¡Jefa! Ojalá te hubiera conocido antes. Te adoro. Tengo que brindar contigo —dijo Ignacio, levantando su vaso.

Saúl se le plantó enfrente, con una mirada de advertencia.

—No, no… tranquilo, Saúl. No te la voy a bajar. Es puro gusto y admiración —se apuró a explicar Ignacio, sintiendo que Saúl lo entendió mal.

—Eso ya suena mejor.

—Esta va por la jefa, por Saúl y por Benjamín. Conocerlos me hace sentir que mi vida no fue en vano.

Ignacio se lo tomó de un jalón.

Cecilia también se echó un trago.

—Oye… ¿y tú cuándo aprendiste a manejar moto? —preguntó Benjamín, bajito.

Hoy como que le vio el “secreto” a su hermana.

—Hace tiempo. Y de esto, ni una palabra, ¿eh? —le advirtió Cecilia.

—No te preocupes. Soy una tumba.

—Qué bonita se ve la luna hoy —murmuró.

Hacía mucho que no se sentía así de feliz.

Desde que tenía memoria, su vida fue esforzarse para ser el mejor.

Para darle orgullo a su madre.

Nunca se dio chance de pensar qué vida le gustaba.

Hoy, andando con Ignacio y su bola de locos, se sentía sorprendentemente a gusto.

Y más ahora, sin preocupaciones, con la persona que le importaba sentada junto a él.

—Cici… como te veías hoy en la pista, no se me va a olvidar jamás. Hace dos años, en esa TT en el extranjero… Triana eras tú, ¿verdad?

—¿Tú también sabes de Triana? —preguntó Cecilia.

—Sí. Antes de lo que me pasó, un amigo me invitó y fui a verla en vivo. Triana estaba igual de imponente. Ese día se volvió leyenda y la gente se volvió loca.

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