Entrar Via

Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 382

Como si tuviera algún tipo de conexión telepática, el hombre se dio la vuelta.

Se miraron a la distancia durante un par de segundos y luego él abrió los brazos.

Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Valeria, quien caminó sin prisa hacia él y correspondió el abrazo.

—Tanto tiempo sin verte, ¿y tu regalo de bienvenida es darme un buen susto?

—...Bueno, yo tampoco me esperaba esto.

César Zavala rio con impotencia y se encogió de hombros al deshacer el abrazo.

—Pero ya investigué todo para ti, de lo contrario no habría venido a buscarte tan tarde.

—¿Quién fue? —Valeria arqueó una ceja.

—Míralo tú misma.

Dicho eso, César sacó su celular, buscó un video y le dio reproducir.

En la esquina de un pasillo, se asomaba levemente la falda color crema de una mujer. Estaba hablando con uno de los meseros y, momentos después, sacó un sobre de su bolso para entregárselo. A juzgar por el grosor, debían ser unos veinte mil dólares.

—¿Rosalía?

Valeria soltó una risa irónica.

—Qué interesante.

Si no fuera por este incidente, casi se habría olvidado de la existencia de esa mujer.

Parecía que Rosalía había aprendido la lección y ahora evitaba enfrentarla cara a cara, prefiriendo usar jugarretas sucias por la espalda.

Al recordar los pedazos de vidrio incrustados en el hombro del hombre que amaba, la mirada de Valeria se volvió gélida mientras le devolvía el celular a César.

—¿Se lo entregaste a la policía?

—No, imaginé que tendrías otros planes —respondió César con una mirada cálida, sin ocultar la profunda admiración en sus ojos—. Desde que te conozco, sé que no eres alguien a quien cualquiera pueda pisotear. Además, al ser tu media hermana, te corresponde a ti darle una lección.

—De lección nada, solo tengo unas ganas inmensas de hacerla pedazos.

—Ya la tengo retenida para ti, está en una habitación de hotel.

Valeria le dio un golpe suave en el hombro.

Pero un instante después, volvió a levantar la mirada hacia ella.

El rostro inmaculado de la mujer destacaba en la oscuridad de la noche, casi como si irradiara luz propia. Su belleza no tenía defectos, pero, de vez en cuando, dejaba entrever un aura de profunda desolación y tristeza.

La sonrisa en el rostro de César se fue desvaneciendo poco a poco mientras volvía a fijar su vista al frente.

—Sé que no te acercaste a él sin una razón. Valeria, a veces... aferrarse a ciertas cosas es solo un modo de lastimarse a uno mismo. Como tu buen amigo, espero que seas amable contigo misma.

Valeria no lo miró.

—¿Por qué asumes que no estoy siendo amable conmigo misma?

—¿De verdad te gusta Alejandro?

César hizo una pregunta que parecía no venir al caso.

Ella no respondió. La oscuridad de la noche impedía leer la emoción en sus ojos. Pasó un buen rato antes de que su voz, fría y distante, se abriera paso en el silencio:

—César, para mí los hombres son prescindibles. Ya sea que se trate de Alejandro Silva o no, el resultado entre él y yo será solo uno.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico