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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 338

—... Voy al departamento del proyecto.

—¡Aun así no! ¡No puedo soportar estar separada de ti más de una hora, te extrañaría hasta morir!

Los largos dedos de Alejandro masajearon su entrecejo y luego acariciaron la parte superior de la cabeza de Valeria.

—No hagas un berrinche.

Justo cuando daba la impresión de estarla consintiendo, el hombre se dio la media vuelta y se marchó.

Valeria se quedó mirando hacia la puerta por un momento antes de apartar la vista con expresión indiferente. Continuó comiendo.

Poco tiempo después, llegó Camila. Desde el momento en que vio a Valeria, se mostró extremadamente tensa.

—Señorita... lo siento.

Luisa cortó un poco de fruta y Valeria se la llevó a la boca de manera despreocupada.

Después de dar dos mordiscos al kiwi, preguntó como si nada:

—¿Lo sientes por qué?

—Yo... yo vi que estabas dormida antes de salir a comprar comida. Además, le avisé a la enfermera de turno. Nunca me imaginé que sucedería algo así. Cuando regresé, el señor Silva ya había mandado a cerrar todo el piso.

Al no poder entrar, solo le quedó la opción de regresar a la empresa.

Camila la observó; en el área expuesta por el cuello de su ropa se podían ver marcas de las heridas.

—¡Ese Hernán Longoria... me las va a pagar!

Valeria frunció el ceño.

—¿Qué piensas hacer?

Su mirada se desvió de repente, al recordar algo.

—Mantente atenta a lo que pase en el hospital. Si Hernán es un sinvergüenza de tal calibre, es porque la manzana no cae lejos del árbol. Temo que si su padre no logra encontrar al culpable real, nos eche la culpa a nosotras.

—Comprendido. —Camila asintió y se retiró.

En realidad, las cosas sucedieron tal como Valeria había previsto.

La policía y la familia Longoria investigaron durante dos días enteros sin conseguir ninguna pista útil. Octavio Longoria estaba tan furioso que se desmayó por un ataque de ira. Hernán aún estaba acostado en la unidad de cuidados intensivos, sin despertar.

El lugar se convirtió en un caos, e incluso la familia Garza se presentó allí.

Dante Garza llegó echando chispas:

—Las mujeres bonitas siempre causan problemas, ¡tiene que haber sido obra de esa mujer! Desde la primera vez que la vi, supe que no tramaba nada bueno, y mira ahora, ¿qué tenemos?

Aitana, con su rostro demacrado, no abrió la boca.

—Aitana... —Lucrecia miró hacia la sala de urgencias y luego a su cuñada que lloraba como si no hubiera un mañana. ¿Qué clase de desastre era este? Dijo con voz seria—: ¿Qué pasa contigo y Alejandro? ¿Cómo puede estar defendiendo a esa mujer?

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