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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 337

Alejandro levantó la vista y sus miradas se encontraron. Sus ojos oscuros tenían una sombra insondable.

—¿No decías que te sentías muy incómoda de que te hubieran visto?

Valeria le dio un ligero golpe.

—¿Acaso es lo mismo cuando lo hace alguien que no soportas que alguien que te gusta?

—Por lo que dices, parece que yo te gusto mucho.

Parece.

Esta suposición era, al menos, preferible a la de Luisa.

Valeria se inclinó hacia adelante y le plantó un beso sonoro en la mejilla, que hizo un chasquido.

—Por supuesto, eres el que más me gusta. No solo puedes mirarme, también puedes tocarme y...

Antes de que terminara la frase, el hombre le tapó la boca con la mano, que estaba llena de espuma.

Valeria escupió rápidamente:

—¿Qué te pasa?

—Para callarte la boca.

...

Valeria lo fulminó con la mirada.

—Tampoco dije mentiras. ¿Acaso crees que te pondría al mismo nivel que Hernán Longoria? Él es un pervertido, en cambio tú eres mi...

El hombre le lanzó una mirada de advertencia, como si estuviera negando el título antes de que lo pronunciara.

Pero Valeria igual lo iba a decir.

Solo que sin emitir sonido.

La forma de sus labios pronunció claramente unas palabras: esposito mío.

Alejandro detuvo sus movimientos por un instante, tomó la regadera y enjuagó la espuma de su cuerpo.

—Entonces, ¿qué planeas hacer con el sinvergüenza de Hernán?

—Quitarle la piel a tiras, aplastarle la cabeza, castrarlo...

Valeria se detuvo de golpe y miró de reojo al hombre.

—Aún no he hecho nada, pero él parece estar ya acabado. Alguien se encargó de hacer justicia por mí.

—Mm. —Alejandro tenía una expresión impasible y salpicó agua en su rostro a propósito—. Así que compórtate, o el karma te alcanzará.

...

Otra vez siendo sarcástico.

—No te pases de la raya.

... Oh.

Valeria apretó los dientes en secreto. ¡Nunca había conocido a un hombre tan duro y terco como una piedra!

Bajó las escaleras después de vestirse. Alejandro estaba sentado en la mesa del comedor, mirando algo en una tableta. Valeria echó un vistazo rápido; eran los gráficos del mercado de valores. Instintivamente comprobó sus ojos, antes de tomar los cubiertos que Luisa le ofrecía.

—¿Ya te has recuperado por completo de la vista?

—A veces.

Ella preguntaba, él respondía.

No estaba claro si se refería a que a veces veía o a que a veces perdía la vista. Era como si añadir una sola palabra fuera un delito.

Valeria tomó un sorbo de sopa:

—¿Necesitamos mantener el secreto para que los de afuera no se enteren? Te aseguro que soy como una tumba.

Tal vez encontrando gracia en algo de lo que dijo, Alejandro curvó levemente la comisura de los labios, guardó la tableta y se levantó.

—Tengo que salir esta noche, te quedarás sola en casa.

—Quiero ir contigo. —Valeria giró la cabeza para mirarlo con ojos suplicantes.

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