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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 334

Y ahora... ¿Acaso la familia Silva aceptaba que estuviera con Valeria?

Aitana se llevó la mano al pecho, el dolor era insoportable. Se negaba a admitir que las cosas entre ella y Alejandro Silva ya no tenían vuelta atrás...

Octavio Longoria contactó a la policía, y poco después, los agentes llegaron para investigar la situación.

Las cámaras de seguridad del hospital habían sido saboteadas y no se encontró ninguna evidencia útil en la habitación. Durante la madrugada, era aún menos probable que hubiera testigos.

No había ni una sola prueba que demostrara la participación de Valeria en el incidente.

Además, su condición física actual le impedía cometer el acto.

A Valeria no le importaba nada de eso. Si alguien había hecho justicia por su propia mano, ya era suficiente con que ella no aplaudiera la hazaña en voz alta.

Pasó el día entero durmiendo, despertando para comer y volviendo a dormir.

Cuando por fin se despertó por completo, ya era el día siguiente.

Alejandro estaba sentado en el borde de la cama, sosteniendo su frente con una mano, mostrando signos evidentes de agotamiento. La luz se filtraba por la ventana, delineando su perfecta mandíbula; todas sus facciones eran impresionantemente hermosas.

Ella movió ligeramente el cuerpo. Ya no le dolía tanto como antes, pero todavía no tenía mucha fuerza.

Extendió la mano.

Tiró del brazo de Alejandro.

Él no se movió, parecía estar profundamente dormido.

Valeria frunció el ceño, estiró el brazo un poco más arriba y le dio golpecitos en la mejilla.

El hombre, incapaz de soportarlo más, finalmente abrió los ojos. Su voz sonaba ronca y atractiva:

—¿Qué es lo que quieres?

—Nada, ¿no habíamos quedado en que subirías a dormir conmigo? ¿Por qué estás sentado ahí? —Valeria hizo un puchero y lo miró con ojos llenos de resentimiento—. No puedo dormir bien si no estoy en tus brazos, y no me estás abrazando.

—¿Que no puedes dormir bien? Yo diría que ya casi te conviertes en un cerdito. —Alejandro se frotó la muñeca y miró su reloj con mal humor—. Si tienes sueño, sigue durmiendo y deja de causar problemas tan temprano.

Se levantó y dijo:

—En un rato Santiago te traerá el desayuno.

Apenas dio un paso cuando la mujer lo agarró de la mano desde atrás.

—Quiero ver si estás herido —respondió Valeria en voz baja—. Si no, ¿de dónde salió esa sangre en la ropa?

El hombre lanzó una mirada de reojo y notó que ella había sacado la ropa que él se había cambiado, poniéndola al lado como prueba.

Soltó un pequeño bufido y habló hacia el teléfono:

—Dejémoslo así por ahora, contáctenme en caso de que haya algún cambio.

Alejandro colgó el celular y se volvió hacia la mujer. Levantó la mano y le dio un golpecito en la frente.

—¿De dónde más iba a venir, aparte de ti?

—¿De mí?

—Te traje en brazos a esta habitación y tu sangre ensució mi ropa. No solo no te has dignado a lavarla, sino que además vienes a molestarme. Tú eres la única que devuelve los favores con reclamos.

... ¿Así eran las cosas?

—Basta, no seas fastidiosa. —Alejandro la empujó de nuevo hacia la cama del hospital—. Voy a pedirle al doctor que te revise. Si todo está bien, mañana te damos de alta.

Se dio la vuelta para salir, con la mirada baja. Su cabello le caía sobre la frente ocultando sus facciones entre la luz y las sombras, haciendo imposible leer su expresión.

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