Luca soltó un suspiro resignado mientras veía su silueta desaparecer por el pasillo. Entonces, por primera vez, empezó a reflexionar sobre la pregunta que le acababan de hacer.
El día que se casó con Natalia, ¿había sentido algún tipo de arrepentimiento?
Tenía demasiadas cosas rondándole la cabeza, y, para ser sincero, Luca ya ni siquiera podía recordar qué sentía en ese instante.
Lo único que guardaba en su memoria era el mar de invitados que había ido; gente dándole felicitaciones por doquier, todos querían chocar las copas con él.
También recordaba el hermoso arreglo de Natalia, su sonrisa tímida, y cómo, cuando la multitud comenzó a gritar para que se besaran, ella se paró de puntitas.
Cuando Luca bajó las escaleras, la abuela también lo hizo.
Denisa ya parecía estar mucho más tranquila. Al ver a Luca bajando, Cristina lo llamó:
—Vénganse ya a cenar. Por cierto, ¿dónde vas a dormir hoy? ¿Regresas a la villa?
—Sí —asintió Luca.
Denisa lo miró de reojo, apretando los labios y manteniéndose en silencio.
La abuela ya había gastado saliva de más por ese día, así que tampoco tenía ganas de hablar.
Así, la familia completa terminó de cenar envuelta en una tensión que se podía cortar con cuchillo.
Luca comió más rápido de lo habitual. Dejó los cubiertos sobre el plato y se levantó.
—Bueno, ya me voy.
—Luca, ¿será que puedas darme un aventón?
—¿Que no trajiste tu coche? —le preguntó Luca.
—Tengo que platicar contigo de algo —murmuró ella.
Fue entonces cuando la abuela carraspeó intencionalmente.
Denisa pareció despertar del trance y rápidamente corrigió:
—Mejor me voy en mi carro. Mañana te veo en la empresa y ahí te platico.

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