Ante las evidentes atenciones de Erick, Luca estaba ahí casi de adorno, sin aportar ningún valor emocional al momento.
—Papá, ¡no te quedes ahí parado! Ven a comer —Iria corrió hacia Luca, lo tomó del brazo y lo jaló hacia la mesa.
Al acercarse, Luca se dirigió a Erick y le dijo:
—El señor Guzmán sabe lucirse, reconozco que me quedo corto.
Al escuchar el evidente sarcasmo de Luca, Natalia le respondió sin tapujos:
—Es que de por sí nunca has sido bueno para estas cosas.
Luca se quedó sin palabras.
Últimamente, Natalia había perfeccionado su talento para responderle con agudeza. Luca sentía en carne propia que aquella Natalia dulce, comprensiva y callada del pasado ya no existía. Había cambiado tanto que casi no la reconocía, y ahora no había quien le ganara en una discusión.
Erick, para evitar que su presencia fuera motivo de pelea entre la pareja, sonrió y dijo:
—Seguramente es porque desde niño ayudaba con los deberes en mi casa, por eso se me da bien.
Luca solo sonrió por cortesía.
Natalia invitó a Erick a que se sirviera más comida. Mientras tanto, Marta observaba discretamente al señor Guzmán, preguntándose si, en caso de que su patrona se divorciara del señor Luca, terminaría casándose con aquel hombre.
En el fondo, Marta deseaba que la señora y el señor Luca arreglaran las cosas, pero si al final se divorciaban, esperaba que ambos encontraran una buena pareja. La vida era muy corta como para desperdiciarla, y los mejores años de juventud merecían ser compartidos con la persona indicada para que valieran la pena.
A Luca, la comida no le supo a nada. Siempre había creído que los guisos de Marta eran sus favoritos desde la infancia, pero hoy, simplemente no les encontraba sabor.
En realidad, Erick también estaba bastante tenso. Tenía muy presentes las palabras que le había dicho su madre.
Hasta que Natalia y Luca no disolvieran formalmente su matrimonio, él no debía interferir bajo ninguna circunstancia en sus vidas ni causarle problemas a Natalia. Sin embargo, por azares del destino, había pensado que Luca no estaría ahí, pero el hombre se había presentado.
—Señor Guzmán, ¿tiene novia? —preguntó Iria de repente en medio de la comida.
Esa simple pregunta hizo que el ambiente se volviera extremadamente tenso en un segundo. Natalia de inmediato le dio una cucharada de sopa a su hija y la regañó en voz baja:
—No te metas en asuntos de adultos, tú ponte a comer.
Iria hizo un puchero y contestó con voz lastimera:
—Yo no quería preguntar, fue Luci la que quería saber. Ella siempre dice que le encantaría tener una tía.
Los labios de Luca formaron una fina línea y le lanzó una mirada gélida a Natalia.
¿Acaso Natalia estaba buscando convertirse en la tía de Luci?
Erick esbozó una sonrisa un tanto incómoda y contestó:
—Irita, por el momento no tengo novia, sigo soltero.
—Con razón —soltó la pequeña de la nada—. Luci dice que cuando usted conoce a muchachas bonitas, le pide a ella que le diga «papá». ¿Hace eso para que las muchachas se alejen?
Las ocurrencias de Iria, para ser tan pequeña, eran increíbles.
Natalia sintió el impulso de taparle la boca a su hija para que no dijera más disparates.
Sin embargo, a Erick le hizo gracia y asintió entre risas:
—Sí, es que a veces me da pena rechazar a las personas directamente y tengo que inventarme algo. Y la verdad, esa táctica funciona muy bien.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo