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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 251

—Denisa de por sí es delicada. Acaba de sufrir una caída y ahora está en la sala de urgencias. ¿Qué más quieres para dejarla en paz? —Luca cerró la mano y golpeó el escritorio de Natalia con tanta fuerza que a ella le zumbaron los oídos.

—Luca, ¿qué demonios quieres? —Natalia también se molestó, se puso de pie y lo fulminó con la mirada—. Si tanta lástima te da, vete al hospital y no te separes de ella. ¿Por qué vienes a hacerme un berrinche a mí? ¿Qué tengo que ver yo en esto?

Luca no esperaba que Natalia se lavara las manos de esa manera. ¿Cómo que no tenía nada que ver? Si no fuera por ella, la abuela no se habría enfurecido tanto ni habría obligado a Denisa a leer esa declaración.

Dio un paso hacia adelante y la miró desde arriba.

—¿Por qué crees que la abuela exigió esa rueda de prensa de la nada? ¿Por qué hizo que Denisa leyera esa aclaración frente a los medios? ¿Acaso no lo sabes?

La mirada de Natalia se tensó. Ante la hostilidad de sus ojos, no retrocedió ni un milímetro y le sostuvo la mirada.

—¿Insinúas que fui yo?

—¿Quién más podría ser? —La voz de Luca contenía una furia reprimida—. En la familia Torres, tú eres la más cercana a la abuela y ella siempre te hace caso.

Su pecho subía y bajaba con violencia.

Natalia observó al hombre frente a ella, que venía a exigirle cuentas por Denisa, y de pronto le pareció un completo extraño.

Aquel rostro que había visto durante siete años, a veces radiante de orgullo, a veces exhausto, a veces con los ojos enrojecidos cuando su hija enfermaba... ahora se mostraba lleno de ira y reproches por otra mujer.

—Luca —dijo con una risa fría, mirándolo con calma—. ¿Viniste a hacerme una pregunta o nada más a insultarme?

El rostro de Luca se paralizó. Se quedó clavado en el suelo, y su mente alterada pareció recuperar un poco de lucidez.

Natalia lo miró con evidente decepción.

—Si viniste a preguntarme, ya te lo dije: yo sé de este asunto. Si viniste a insultarme, entonces puedes seguir gritando.

El corazón de Natalia ya estaba helado. Hacía tiempo que no le importaba lo que este hombre dijera. Había levantado un muro para protegerse y dejar afuera todo el amor y el odio que él sentía por esa tercera persona.

Al encontrarse con esa mirada de profunda decepción, Luca se tensó. Respiró hondo y bajó el tono de voz.

—Natalia, ¿podrías dejarla en paz? No seas tan fría. Ella llegó a la familia Torres a los nueve años, huérfana. Nada le ha sido fácil. No es como tú, que tienes una familia unida que te respalda. Es como un conejito asustado, completamente sola...

—Ya basta, no me interesa escuchar esto. Mejor ve y cuéntaselo a Denisa, para que sepa cuánta lástima te da —lo interrumpió Natalia de tajo.

—Deja de empujarla al abismo, ¿quieres? —La respiración de Luca se volvió más pesada.

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