Al escuchar eso, Mónica bajó la mirada, visiblemente decaída. Forzó una sonrisa.
—No, fui yo. Quería tomar agua y no agarré bien el vaso. Señora Torres, Ofelia quedó de verse con un amigo y tiene cosas que hacer; tengo que llevarla, así que nos retiramos.
Sin esperar la respuesta de Denisa, Mónica jaló a su hija y salió de la habitación de inmediato.
El lugar volvió a quedar en calma. Las enfermeras llamaron a alguien de limpieza para recoger los vidrios rotos del suelo.
El video de la caída de Denisa corrió como la pólvora por cada rincón del corporativo.
Los chismes no tienen piernas, pero siempre corren más rápido que cualquiera.
Jueves, centro de investigación de Gennova Solutions. Natalia se quedó en el laboratorio hasta las diez de la noche. Luca ya había pasado a recoger a su hija; Natalia le había avisado a la niña que llegaría tarde.
El nuevo lote de pruebas avanzaba a marchas forzadas. Una serie de datos en los experimentos con animales arrojó un margen de error bastante amplio. Natalia y su equipo se pasaron horas revisando todo hasta que por fin encontraron el problema: una falla en el módulo de control de temperatura.
Su asistente, Paulina, al ver que Natalia regresaba a su oficina y aún no terminaba su turno, se apresuró a llevarle una taza de té caliente.
Natalia se sorprendió al verla todavía en la empresa.
—¿No te había dicho que te fueras a casa? ¿Por qué sigues aquí?
Paulina sonrió.
—Estoy terminando unos reportes que urgen para mañana a primera hora.
Natalia tomó un sorbo de su té. Encendió la computadora para redactar un par de informes, pero notó que Paulina seguía de pie a su lado, con expresión de querer decirle algo y no atreverse.
—¿Qué pasa? —preguntó Natalia, quien conocía a la perfección cada gesto de su asistente. Esa mirada significaba que tenía algo guardado.
—Doctora Ortega... hoy en la tarde fui al corporativo a entregar unos documentos. En el baño escuché unos comentarios bastante feos sobre usted y el señor Torres...
Natalia se quedó paralizada un segundo y frunció el ceño.
—¿Ah, sí? ¿Qué decían?
El rostro de Paulina se llenó de indignación al instante.
—Decían que la mujer que de verdad está en el corazón del señor Torres es ella... y pura estupidez de que el amor verdadero lo supera todo...
Los dedos de Natalia se detuvieron. Se quedó mirando fijamente la pantalla, con la mente invadida por aquellas palabras.
«El amor verdadero lo supera todo».

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