La familia Diaz decidió mantener en secreto el hecho de que Fabricio perdiera la memoria.
Les daba terror que Fabricio volviera a caer en las garras de Priscella.
Aunque Fabricio no se acordaba de nada, se había vuelto super dependiente de Carmen.
A la Sra. Díaz eso le parecía perfecto.
Como a Carmen no le molestaba esa boda, decidió dejarse llevar y así se arregló todo.
Priscella ya ni se fijaba en Fabricio, estaba enfocada en salir con un chico rico.
Con la Sra. Bravo echando leña al fuego, enseguida las familias acordaron encontrarse.
Marcos le pidió a Natalia que lo acompañara a la cena.
Natalia aceptó.
Después del trabajo, Natalia fue al Colegio Estrella a buscar a Chiqui.
Chiqui se había adaptado bastante bien y ya se manejaba en la escuela como pez en el agua.
Al subir al carro, Chiqui sacó una rosa de su mochila como si fuera un tesoro y se la dio a Natalia: "Mamá, para ti."
La rosa ya tenía rato de haber sido cortada, había perdido ese frescor inicial y hasta se le habían caído varios pétalos, se veía medio chistosa.
Natalia pasó por alto esos detalles imperfectos y preguntó: "¿De dónde salió esta rosa?"
"La corté del rosal de la escuela," dijo Chiqui con su vocecita crujiente.
"¿La cortaste a escondidas?"
"No, le estaba ayudando a la maestra a regar y me la dio como premio."
Chiqui sonreía con picardía: "En la escuela también hay un campo de girasoles. Ya quedé con la maestra en que le voy a ayudar y entonces me dará un ramo de girasoles."
Natalia se derritió: "Gracias mi vida."
Chiqui se puso rojito de las orejas, pero intentó actuar todo tranquilo: "Si a mamá le gusta, eso es lo que cuenta."
Ricardo tenía un compromiso esa noche, y como Natalia no tenía ganas de cocinar, se llevó a Chiqui al restaurante que él siempre quería visitar.
El restaurante era famoso por la comida típica de Coronilla, siempre estaba lleno y Natalia había reservado con antelación. Al llegar, los llevaron a una mesa junto a la ventana.
Natalia le pidió a Chiqui sus platos favoritos y también le ordenó un vaso de jugo.
Mientras elegían el menú, un grupo de guardaespaldas vestidos de negro entró al lugar.
Todos con una cara de pocos amigos, de esos que era mejor no provocar.

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