Doña Graciela había vuelto a desmayarse.
La familia Roldán no podía quedarse quieta y todos corrieron al hospital.
Ricardo era el más exitoso de la familia Roldán, el pilar de todos.
En ese momento, todos se reunieron alrededor de Ricardo, preguntando con preocupación, temiendo que si Graciela se iba, la familia Roldán quedaría completamente en manos de Ricardo.
Manuel y su hijo también estaban allí.
Habían vivido días especialmente difíciles, en contraste con su esplendor anterior.
Tito tampoco esperaba que la abuela se desmayara.
Apenas apareció, Ricardo lo agarró y lo empujó contra la pared con tanta fuerza que casi le aplasta los huesos.
"Camila dijo que fuiste a ver a la abuela, ¿qué le dijiste?"
La abuela no se desmayaría sin razón y este desmayo probablemente había sido causado por el enojo.
Tito le lanzó una mirada significativa a Natalia y luego a Ricardo, con un dejo de frialdad: "Solo quería preguntarle si podría perdonar a mi madre."
"¡No!"
Ricardo deseaba acabar con Tito, eran pocas las personas que le importaban y la abuela era una de ellas.
Bajó la voz y entrecerró los ojos con un aire frío: "Tito, si te atreves a acercarte a la abuela otra vez, te aseguro que no dejaré que Lara llegue viva al juicio."
"¿Me estás amenazando?"
Tito mantenía la compostura, pero ya estaba nervioso.
Ricardo lo soltó de golpe y Tito cayó al suelo como un montón de lodo, intentando levantarse sin poder mover las piernas.
"Tito, deberías estar agradecido de que todavía mantengo algo de sentido común."
La situación de Doña Graciela era preocupante y los médicos no sabían qué hacer.
Habían emitido varios avisos de gravedad.
La salud de la abuela empeoraba y el ánimo de Ricardo se tornaba cada vez más sombrío.
La familia Roldán estaba inquieta, todos estaban esperando.

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