Tito buscó un abogado, pero no tenía ninguna posibilidad de ganar al enfrentarse al abogado de cabecera de Ricardo.
Lo único que le importaba a Tito era Lara.
Después de mucho pensarlo, se dirigió solo a la antigua casa familiar.
Desde la última vez que se desmayó, Graciela no había querido salir.
Pretendía estar recuperándose en casa, pero en realidad no quería involucrarse más en los asuntos de la familia Roldán.
Cuando Camila vio llegar a Tito, se notaba claramente que estaba incómoda: "La señora aún está descansando, mejor vuelve otro día."
Pero Tito no quiso irse: "Camila, por favor, en consideración a mi padre, permíteme ver a la señora."
Camila suspiró profundamente y, después de un buen rato, subió a buscar a la señora.
Como una hora después, Graciela bajó lentamente las escaleras.
Después de dos hospitalizaciones, la señora parecía mucho más débil, incluso el descanso en casa no podía ocultar su fragilidad.
"Habla."
La señora se sentó lentamente, sin siquiera mirarlo.
"Abuela, le pido que perdone a mi madre."
"No puedo darme el lujo de llamarte abuela."
Graciela se burló: "Si no fuera por la complicidad entre Lara y Brisa, no habría terminado en el hospital, Ricky no habría resultado herido y Naty no habría perdido al bebé."
La mirada de Tito era extraña, "Abuela, incluso sin ese accidente, ¿realmente habría permitido que el bebé de Natalia naciera?"
Esa pregunta parecía perforar la máscara de la anciana, y de repente, en aquellos ojos que solían irradiar bondad, se acumuló un brillo oscuro e inquietante.
"Abuela, ambos sabemos que Natalia está investigando el instituto de investigación. Si descubre que usted estuvo detrás de todo esto, ¿la perdonará? ¿Estará dispuesta a quedarse con el bebé?"
"Y usted también sabe muy bien que el bebé en su vientre... ¡no puede quedarse!"
Camila escuchaba con el corazón acelerado.
¿Cuánto sabía Tito? ¡Cómo se atrevía a decir esas cosas frente a la señora!
Graciela lo miraba fijamente y Tito no se mostraba menos firme.
Se miraban fijo el uno al otro.

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