Natalia apretó los puños con fuerza, cuestionándose si todo el amor que la abuela le había dado durante estos años era una mentira.
Todos los detalles de los días que habían pasado juntos se amplificaban en su mente, y no se atrevía a imaginar qué significaba su devoción si la verdad era otra.
¿Y qué significaban el amor incondicional que la abuela le había demostrado una y otra vez?
Si ya sabía la verdadera identidad de Brisa, ¿acaso esos cinco años de indulgencia no eran más que una trampa?
Natalia estaba sentada en el auto, el viento frío soplaba salvajemente y el frío penetrante se colaba por cada rincón, haciendo temblar a cualquiera, incluso en el verano más caluroso.
Llegaron al hospital.
Natalia vio a Joel.
"¿Cómo está todo?"
Los ojos de Joel estaban rojos: "Cuñada, ¿crees que mi hermano y la abuela estarán bien?"
Natalia lo tranquilizó: "No les va a pasar nada."
Joel, aunque joven, también era hombre y rápidamente se compuso, notando que Natalia se veía pálida.
"Cuñada, ¿estás bien?"
Natalia apenas pudo negar con la cabeza.
Los dos esperaron fuera del quirófano, pasaron casi tres horas antes de que el médico saliera.
Natalia quiso acercarse instintivamente.
Pero sintió un dolor repentino en el bajo vientre.
No se atrevió a moverse, temiendo que cualquier movimiento la haría caer.
"Doctor, ¿cómo está mi hermano?"
El médico tenía un semblante calmado: "el Sr. Roldán recibió un golpe en el área lumbar y abdominal, afortunadamente el fragmento no era profundo y no dañó la columna vertebral, pero ha perdido mucha sangre y necesitará descansar."
Joel suspiró aliviado, justo cuando iba a informar a Natalia.
De repente se escuchó un golpe fuerte detrás de él.
"¡Señora Torres!"
Natalia, que había estado sintiéndose mal desde el principio, al escuchar que Ricardo no corría riesgo de muerte, sintió como si se rompiera la tensión en su mente.
El dolor en su vientre se intensificaba, haciéndola casi sentirse sin aliento.

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