Graciela no lo había pensado así.
"Abuela, es hora de comer," dijo Joel empujando la puerta, y al ver llegar a Manuel, no pudo evitar poner los ojos en blanco. "¿Qué haces aquí?"
Manuel, con una sonrisa forzada, intentó saludar, "Joel."
"No me llames así."
Joel dijo sonriendo, "Cuando se trataba de buscar un donante, saliste corriendo más rápido que nadie y apenas encontraron un riñón compatible, aquí estás. Parece que tu juego se volvió en mi contra."
Manuel, descubierto en su intención, se sonrojó de vergüenza.
"Será mejor que te vayas."
La abuela, no queriendo verlos discutir, le indicó con firmeza que se marchara.
Manuel, sin querer hacer más el ridículo, se despidió y se fue.
Una vez fuera, Joel se acercó a la cama: "Abuela, no debería seguir viéndose con él. Él no merece ser parte de la familia Roldán."
Cobarde y sin sentido de responsabilidad.
Solo pensaba en Lara y su hijo, ¿alguna vez pensó en su otro hijo? ¿O en su madre, la abuela?
"Mi nieto sí que vale la pena."
Joel se quedó en el hospital cuidando a la abuela y Natalia aprovechó para tomar un respiro y regresar a su estudio.
Ainara le actualizó sobre el progreso del trabajo y antes de irse preguntó: "Natalia, ¿cómo está la abuela?"
"Ha pasado lo peor, ahora solo necesita recuperarse. Si todo va bien, a fin de mes podría tener la cirugía de trasplante."
Ainara asintió con la cabeza: "Eso es bueno."
"¿Entonces Brisa está de vuelta?"
Natalia también pensaba que era una cruel ironía del destino, pero por el bienestar de la abuela, tenía que tolerar a Brisa: "Por ahora sí."
Los labios de Ainara se apretaron: "¿No intentará ella...?"

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Pero… ¿¡Eres un Millonario!?