Eran las tres de la tarde.
Todos los trámites estaban completados.
Brisa, escoltada por la policía, llegaba al hospital con prisa.
Desde que había entrado en prisión, su larga cabellera había sido cortada y ahora lo llevaba hasta las orejas y su aspecto se veía muy desmejorado.
Pero su ánimo estaba por las nubes.
Jamás había imaginado que las cosas podrían dar un giro tan inesperado.
Ahora era Ricardo quien la necesitaba.
Ella tenía suficientes cartas para negociar con él.
Al llegar al hospital, Brisa vio a Ricardo de pie en el pasillo, tan guapo y elegante como siempre. Qué desperdicio, pensaba ella, ya que era un hombre tan cruel.
"Richi."
Brisa se paró frente a él, manteniendo su habitual dulzura.
En el pasado Ricardo la había considerado como a una hermana menor, pero tras descubrir las verdaderas acciones de Brisa, le resultaba imposible seguir sintiendo afecto por ella.
Sin embargo, el destino jugaba sus cartas.
"Ya sabes lo que pasa, si estás dispuesta a donar tu riñón, haré lo posible por cumplir tus condiciones."
Brisa se tocó el cabello detrás de la oreja: "¿Incluso si te pido que te cases conmigo?"
La mirada de Ricardo era oscura: "Claramente eso es algo que no puedo hacer."
Brisa sabía que Ricardo no aceptaría, pero no se desanimó.
"En mi situación actual no estoy en condiciones de donar."
"Te ayudaré a conseguir la ejecución de la pena fuera de la cárcel, siempre y cuando no abandones Ciudad Imperial."
Ricardo estaba dispuesto a ceder.
"Además, te aseguraré una vida de lujo y riqueza."
Era difícil para Brisa no sentirse tentada, después de todo lo que había sufrido en prisión, anhelaba salir de ese infierno.

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