Llovía a cántaros.
La tormenta se abalanzaba sin piedad.
Ricardo Roldán llegó a casa pasadas las once de la noche.
Como de costumbre, abrió la puerta del dormitorio principal.
No había nadie.
¿Dónde estaba Natalia Torres?
¿No había dicho que no tenía planes y que se iría directo a casa a descansar?
Ricardo sacó su móvil y marcó el número de Natalia.
Nadie contestó al otro lado.
Como si un presentimiento lo invadiera, contactó de inmediato a Nacho Vargas: "Revisa las cámaras de seguridad de la empresa."
"¿Le pasó algo a la señora Torres?"
Nacho, al escuchar la voz alterada de Ricardo, se aventuró a adivinar.
No podía pensar en nadie más que hiciera a Ricardo perder la compostura de esa manera.
"¡Investiga!"
Nacho colgó y se apresuró a vestirse mientras convocaba a su equipo y bajaba corriendo las escaleras.
Ricardo entró al estudio y encendió la computadora.
Sus dedos delgados tecleaban con rapidez y de repente la pantalla se oscureció.
Luego, un pequeño punto rojo apareció.
Era el sistema de localización GPS más avanzado del momento.
Ricardo lo examinó detenidamente.
El punto rojo estaba en el estacionamiento de la empresa.
Natalia nunca habría encontrado ese dispositivo tan oculto, la única explicación era que algo malo le había pasado.
Ricardo se puso de pie de un salto.
El teléfono sonó con urgencia.
Lo contestó.
"Señor Roldán, tenemos información, a la señora Torres se la llevó la señorita Brisa."
La voz de Nacho denotaba prisa.
"¡Sigue buscando!"
Ricardo no podía creer que a estas alturas, Brisa Cervantes se atreviera a hacerle algo a Natalia.
Colgó y salió rápidamente.
Mientras tanto.
Natalia se despertó de su desmayo y se encontró con la mirada sombría de Brisa.
"Ya despertaste."
Un dolor latente golpeaba la parte trasera de la cabeza de Natalia.
Intentó incorporarse con dificultad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Pero… ¿¡Eres un Millonario!?