La noticia de la muerte de Hernán era algo que Ainara no se atrevía a contarle a Odalys, pero Odalys terminó enterándose de todas formas.
Al saberlo, Odalys lloró desconsoladamente.
Ainara asumió la responsabilidad de mantener a la familia, aparte de sus estudios, pasaba el resto del tiempo trabajando en empleos temporales.
En apenas dos años, había trabajado en casi todo empleo temporal que encontró.
Repartiendo pedidos.
En una tienda de té, repartiendo folletos, como mesera...
El dinero de Odalys no era suficiente para cubrir el tratamiento médico, y aunque inicialmente pensó en rendirse, una donación inesperada le permitió recibir tratamiento gratuitamente.
Esto alivió enormemente la carga sobre Ainara.
Pasaron las estaciones, y en un abrir y cerrar de ojos, llegó el momento de los exámenes de ingreso universitario. Ainara se destacó y obtuvo uno de los tres mejores resultados de la ciudad.
Al momento de elegir su carrera, Ainara se encontró en una encrucijada. Quería ir a Ciudad Imperial para estudiar diseño de joyería, pero Odalys estaba en Estival y no quería dejarla atrás.
Odalys, viendo su hesitación, la animó a seguir su sueño.
Finalmente, Ainara eligió estudiar diseño de joyería en la Universidad Imperial, y madre e hija se mudaron a Ciudad Imperial.
Comparada con Estival, Ciudad Imperial era mucho más próspera y el costo de vida había aumentado casi en un cincuenta por ciento.
Ainara encontró trabajo como tutora, donde le pagaban bien, lo suficiente para cubrir las necesidades de ambas.
La salud de Odalys mejoró considerablemente y comenzó a recuperar su fuerza laboral. No queriendo ver a su hija luchar tanto, aprendió a cocinar algunos platillos especiales y abrió un pequeño restaurante en un callejón.
El negocio iba bien.
Sin embargo, Odalys no quería esforzarse demasiado y solo abría el restaurante cuatro horas al día, pero aun así, la clientela seguía llegando en masa.
Ainara comenzó sus estudios en la Universidad Imperial y se destacaba tanto en lo académico como en lo personal.
Era muy bella y muchos la admiraban en la escuela, pero ella raramente respondía, dedicando su tiempo libre a trabajar.
Con el tiempo, comenzaron a circular rumores desagradables sobre ella.
Decían que estaba siendo mantenida.
La evidencia era el lujoso auto que frecuentemente venía a recogerla a la escuela, un modelo diferente cada vez.

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