Entrar Via

Perfume Letal de la Esposa romance Capítulo 92

Valentina sentía que el control se le escapaba de las manos como arena fina.

Simón estaba distante, irritable. Sus llamadas eran cortas, sus respuestas monosilábicas. La fisura que se había abierto entre ellos en su oficina se estaba convirtiendo en un abismo. Su intento de tomar las riendas de la gala había sido un error catastrófico.

Necesitaba una nueva táctica. Si la agresión y la "ayuda" proactiva no funcionaban, era hora de volver al manual clásico: el victimismo. Era su movimiento estrella, el que siempre había funcionado para derribar las defensas de Simón.

Se sentó en su sofá de terciopelo blanco, se sirvió una copa de vino y ensayó su actuación. Necesitaba el tono adecuado de fragilidad, una voz al borde de las lágrimas, pero sin llegar a ser histérica.

Cuando se sintió lista, marcó su número.

Él contestó al cuarto tono, su voz sonaba cansada y distraída.

—¿Qué pasa, Valentina?

—Simón... —empezó ella, inyectando un temblor deliberado en su voz—. Disculpa que te moleste. Sé que estás muy ocupado.

—Lo estoy —fue su respuesta seca.

Valentina ignoró la frialdad y continuó con su guion.

—Es solo que... me he sentido tan... no sé, excluida últimamente.

Hizo una pausa dramática, esperando que él la interrumpiera con palabras de consuelo. No lo hizo. El silencio al otro lado de la línea era pesado.

—Sé que la gala es increíblemente importante para ti, y estoy tan orgullosa de tu logro —continuó, su voz ahora un susurro quebradizo—. Pero siento que me estás alejando. Y no entiendo por qué. Solo quería ayudar. Quería que todo fuera perfecto para ti.

No esperó su respuesta. No se despidió. Simplemente terminó la llamada.

Valentina se quedó con el teléfono en la mano, el pitido de la línea muerta sonando en su oído. Miró el aparato con incredulidad, como si la hubiera mordido.

¿Le había colgado? ¿Simón Ferrer le había colgado el teléfono a ella?

Una oleada de furia, tan caliente y pura que le quitó el aliento, la recorrió. La sorpresa dio paso a la rabia. La rabia, a una incipiente sensación de pánico.

Su paciencia para sus manipulaciones no solo se estaba agotando.

Se había acabado. Y ella no tenía un plan B.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Perfume Letal de la Esposa