La boutique de "Aromas del Alma" estaba bañada en una luz suave y dorada.
No era una fiesta de lanzamiento en el sentido tradicional. No había prensa, no había fotógrafos, no había alfombra roja. El evento para "Claridad" era algo mucho más exclusivo, casi un ritual secreto.
Solo veinte personas habían sido invitadas. Eran los clientes más leales de Abril, la élite de la élite: magnates, artistas, políticos. Personas que no solo compraban un producto, sino que invertían en una historia.
El aire estaba impregnado de un silencio reverente, roto solo por el murmullo de las conversaciones en voz baja y el suave tintineo de las copas de champán.
Abril se movía entre sus invitados con una gracia natural. No era la anfitriona nerviosa; era la suma sacerdotisa de su propio templo, explicando su nueva creación no como vendedora, sino como una artista compartiendo su obra.
"Claridad" no se exhibía en masa. Cada invitado era llevado individualmente a un pequeño salón privado en la parte trasera de la boutique. Allí, sobre un pedestal de obsidiana negra, descansaba un único frasco de cristal facetado.
El perfume era tan complejo y desafiante como su nombre. No era inmediatamente agradable. Tenía notas de salida agudas, casi medicinales, de salvia y humo de palo santo. Pero a medida que se asentaba en la piel, se abría para revelar un corazón limpio y acuático de ozono, como el aire después de una tormenta. Y en el fondo, una base de maderas blancas y almizcle transparente que evocaba una sensación de paz y resolución.
Las reacciones eran unánimes: asombro.
Regina Bermúdez, la actriz, se lo aplicó en la muñeca y cerró los ojos, inhalando profundamente.
—Dios mío, Abril... —susurró, su voz dramática por naturaleza ahora teñida de una genuina emoción—. Es como... oler un secreto revelado.
La Senadora Morales asintió con aprobación, su rostro generalmente severo suavizado por la experiencia.
—Proyecta una autoridad innegable, pero sin arrogancia. Es la fragancia de la certeza.
El clímax de la noche llegó con Elías Ortiz.
La noticia del veredicto de Ortiz se extendió por la boutique como la pólvora. De repente, la atmósfera de calma se convirtió en una de demanda silenciosa pero feroz.
La edición de "Claridad" era extremadamente limitada: solo cincuenta frascos firmados y numerados.
Se agotaron en menos de una hora.
Aquellos que no lograron conseguir uno suplicaron ser incluidos en una lista. Para el final de la noche, la lista de espera para la próxima producción de "Claridad" ya tenía más de cien nombres y se extendería por meses.
"Aromas del Alma" ya no era solo una marca de lujo. Esa noche, se había consolidado como una leyenda. El misterio, la exclusividad y el genio innegable de su creadora la habían convertido en el objeto de deseo más codiciado y enigmático de todo México.
Abril observó la escena desde un rincón, una copa de champán intacta en su mano. Su sonrisa era serena.

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