Ramiro Vargas observó a Simón en silencio. No había satisfacción en su mirada, solo la calma de un hombre que ha entregado una carga pesada.
Vio el colapso. Vio cómo la arrogancia de Simón se desmoronaba, revelando al hombre roto que había debajo. Vio el temblor de sus hombros, el sonido ahogado que escapó de su garganta.
Durante cinco años, había soñado con este momento, con ver a Simón Ferrer sufrir como él había sufrido. Pero la realidad era menos gratificante y mucho más sombría. Solo veía a otro peón, sacrificado en el mismo juego de poder.
El silencio se extendió, llenando el espacio entre ellos. Finalmente, la voz de Simón emergió de detrás de sus manos. Era un sonido hueco, irreconocible.
—¿Por qué?
La pregunta flotó en el aire.
—¿Por qué decírmelo ahora?
Vargas tomó un largo sorbo de su agua mineral antes de responder. Eligió sus palabras con cuidado.
—Porque la vi.
Simón bajó las manos lentamente. Su rostro estaba devastado, sus ojos enrojecidos por un dolor que apenas comenzaba. —¿A quién?
—A Abril —dijo Vargas—. La vi en la gala del MUNAM. Estaba sentado en una de las filas de atrás. La vi cuando Valentina la atacó. Y vi su respuesta.
Hizo una pausa, recordando la escena.
—No vi a una víctima. Vi a una reina. Vi cómo destruyó a Valentina Salazar sin mover un dedo, solo con palabras. Vi a una mujer que finalmente estaba reclamando su poder, un poder que le habían arrebatado. Y en ese momento, me di cuenta de algo.
—Quería limpiar mi nombre —dijo, su voz era casi un susurro—. Y quizás, muy egoístamente, quería darte la oportunidad de que empieces a limpiar el tuyo. Si es que algo así es posible.
Se levantó de la mesa. Sacó de su cartera un par de billetes y los dejó junto a su vaso de agua.
—Mi deuda está saldada —dijo, no a Simón, sino a sí mismo.
Simón no se movió. No dijo nada. Simplemente se quedó allí, sentado en medio del bar silencioso, con la carpeta de la verdad frente a él.
Vargas lo miró una última vez, asintió levemente y se dio la vuelta.
Caminó hacia la salida sin mirar atrás, dejando a Simón completamente solo con las ruinas de su vida.

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