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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 349

Capítulo 349

Como estaba molesta, intenté apartarme por puro instinto.

El brazo de Mateo era fuerte, con una presión tan firme que solo con uno logró inmovilizarme por completo.

Bajó la mirada para observarme.

—¿Estás enojada? ¿Por Camila?

Cuando lo preguntó, su tono mostraba algo de expectativa.

Entonces... ¿qué quería demostrar?

¿Que me importa? ¿Que lo quiero? ¿Y así se siente satisfecho?

Aparté la cara y le sonreí, indiferente.

—¿Enojada? Para nada. No llego al punto de enfadarme por Camila. No vale la pena.

La mirada de Mateo se hizo más amenazante.

—Entonces, dime... ¿qué sí vale la pena para ti?

—Nada en especial. Lo único que vale la pena es lo que me sube los ánimos. No voy a dejar que alguien como Camila me los baje.

—Je...

Se rio un poco, con una chispa de burla en sus ojos penetrantes.

—¿Ves? Eres una mujer sin corazón, egoísta y sin sentimientos.

Al escuchar su burla, ya no sentí nada.

Después de todo, si me desprecia tanto, ya qué más da lo que piense de mí.

Quise provocarlo a propósito:

—Exactamente, soy egoísta. Si algún día te vas a ir a la quiebra, seré la primera en agarrar un buen fajo de dinero y salir corriendo. Así que mejor vete preparando.

—Vaya... qué conveniente para ti —se rio Mateo — Pero, ¿realmente crees que llegará ese día? Uf.

Cierto es que ahora su carrera está en pleno apogeo.

Es casi imposible que quiebre.

Pero en este mundo... nunca se sabe, ¿no?

Me reí y hablé con sarcasmo:

—Sea como sea, si llega o no ese día, tener a una mujer egoísta como yo a tu lado siempre será un riesgo. Así que te aconsejo que cuanto antes...

—Si dices una palabra más, te juro que te lo hago aquí mismo.

Cerré la boca de golpe y lo miré, indignada.

¡Animal!

¿En serio fue capaz de dejar que su novia regresara sola?

Lo más increíble es que ella aceptara. ¡Eso sí que era inesperado!

—Entonces... ¿qué tal si buscamos una habitación... con cierto ambiente?

Su voz era grave, intensa, y ese "entonces" sonó peligrosamente seductor.

Sentí mi piel erizarse de inmediato.

Al ver que no respondía, Mateo se acercó aún más, y sus ojos encendidos parecían querer devorarme.

—¿Qué dices? ¿Quieres probar una de esas habitaciones? Si quieres, puedo mandar a reservar

una ahora mismo.

Le respondí enseguida:

—No, no quiero.

Ese hombre ya es un loco en la cama como está...

¿Y quiere un cuarto con "ambiente"? ¡Seguro se vuelve aún más salvaje!

No, gracias. Solo de pensarlo me da escalofríos.

Por suerte, Mateo no insistió demasiado en lo del hotel.

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