Capítulo 348
—Mateo, antes le pedí a Aurora que brindara con el señor Dupuis. No estás enojado conmigo, ¿verdad?
En realidad, yo no quería que ella tomara, pero no tenía otra opción. Yo no puedo beber y tenía miedo de que perdiéramos el acuerdo. A veces de verdad me odio por ser tan inútil... —Camila comenzó a llorar aún más desconsoladamente mientras hablaba, cada vez más arrepentida.
Ese llanto... solo lograba ponerme de mal humor.
Cogí el tenedor y piqué un poco de comida, pero los platos ya estaban fríos, no sabían a nada.
Al final, puse el tenedor a un lado y le dije a Mateo:
—Señor Bernard, Camila parece no estar bien. ¿Por qué no la acompaña usted al hotel? Yo puedo regresar más tarde sola en taxi.
Apenas terminé de hablar, Mateo me lanzó una mirada seria, peligrosa.
Con tono seco, dijo:
—¿Desde cuándo necesitas tú decirme lo que debo hacer?
Sentí un nudo en el pecho, apreté los labios y no
volví a decir nada.
¡Qué rabia!
Este hombre siempre igual. No importa lo dulce que me hable en la cama, en cuanto está frente a Camila, se vuelve seco conmigo.
—No pienses cosas que no son —decía ahora, consolando a Camila.
Escúchalo... esa voz baja, suave, cariñosa. ¿Y a mí?
Solo me grita.
Bajé la mirada, apretando los labios con fuerza.
Cuanto más pensaba, más se me apretaba el corazón.
¿Quién querría tener un bebé con él?
¡Estoy furiosa! Si no hubiera quedado embarazada por accidente, jyo jamás habría querido tener un hijo suyo!
Estaba tan enojada que la nariz me ardía, y los ojos se me llenaban de lágrimas.
¡Qué fastidio!
¿Será que el embarazo está empezando a alterar mis emociones?
¿Solo por un grito me dieron ganas de llorar?
¡Qué ridículo!
No sé cuánto tiempo había pasado, pero, de pronto vi aparecer un par de zapatos de hombre frente a mí.
Levanté la vista lentamente, y vi a Mateo.
Él bajó la mirada hacia la pantalla de mi celular y me cuestionó:
—¿Tan entretenido es ese teléfono?
—Ajá —respondí, guardándolo en el bolso—. Ver el celular es mil veces mejor que ver a Camila.
—No seas así, no seas mala. Ella...
—Ya basta, Mateo, no quiero oír nada sobre ella — lo interrumpí, molesta.
Qué gracioso... ¿yo soy mala con Camila?
¿No es ella la que me ha tratado mal desde el principio?
Qué risa... todos lo ven claro, menos él. No es que no lo sepa. Solo se hace el tonto porque quiere protegerla.
Mateo me miró con sus profundos ojos, muy fijamente.
Aparté la mirada y me di vuelta para irme, pero, de repente, él me sujetó... y me atrajo con fuerza hacia su pecho.

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