Capítulo 340
Miré de reojo a Mateo, pero él solo se quedó quieto, sin mostrar emoción alguna.
iJa!
Por dentro me invadió una burla amarga.
Camila ya había dicho cosas horribles y él ni se inmutó.
Sabía lo clave que era esta cena, jy aún así seguía dándole la razón a ella!
Lo peor era que yo sí me preocupaba por que todo saliera bien.
¡Qué chiste!
Waylon dejó su copa sobre la mesa de golpe. Se notaba molesto.
Camila se giró hacia mí, acusándome:
—Ay, Aurora, por favor. ¿No es solo un brindis con el señor Dupuis? Nadie te está pidiendo que te acuestes con él. ¿Era para tanto? ¿No estarás arruinando a propósito los negocios de mi querido Mateo?
Al terminar, noté que Alan también me miraba con desconfianza.
Y Mateo... él seguía sentado, callado, con esa cara vacía, como si no tuviera nada que ver.
¡Qué corajе!
Cuando a Camila le dijeron algo, Mateo de inmediato la defendió como un superhéroe.
Ahora me tocaba a mí, y él nada más me ignoraba.
Me hervía la sangre.
Ya no me importaba si el trato se caía.
Total, esa empresa no era mía. Tampoco el dinero.
Sin mostrar lo que sentía, le sonreí a Waylon:
—Señor Dupuis, ¿me permite ir un momento al baño?
Waylon me hizo un gesto como dando permiso.
—Gracias —dije antes de salir del salón.
Ya en el baño, me apoyé contra el lavamanos y solté todo el aire que tenía adentro.
No podía desaparecer así nomás.
—Mira, Waylon está de muy mal humor. Sé que estás molesta con Mateo, pero te lo digo de verdad, este trato es demasiado importante. Olvida todo por ahora, hazlo por nuestra amistad. Solo toma un poquito. Te juro que si ese tipo se pasa, yo mismo lo saco de ahí.
Yo también suspiré:
—Créeme, quisiera ayudar. Pero tú viste lo que pasa. Mateo solo protege a Camila, aunque esté arruinando todo. Si él no le da importancia, ¿por qué tendríamos que hacerlo nosotros? Tú disfruta tu cena, bebe lo que quieras y deja esto así.
—Aurora, espera...
Colgué.
No había mentido.
Mateo estaba más preocupado por cuidar a su novia que en cerrar el trato.
¿Y yo tenía que seguir cargando con todo?
Ni loca.
Ahora lo único que me faltaba era pensar cómo irme de ahí sin que Mateo se desquite después.
Me quedé pensando... y de pronto se me prendió el foco.
Saqué el teléfono y le escribí un mensaje a Mateo...

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