Capítulo 339
—Ay, ¿no dijo el señor Bernard que cada persona tiene algo que la hace valiosa? Si esta princesita no sabe hablar bonito, entonces debe aguantar bien el alcohol, ¿no? —dijo Waylon, mientras le hacía una seña a una de las mujeres que traía para que le sirviera una copa a Camila.
Waylon sonrió y dijo:
—Si voy a beber, debe ser con una mujer guapa.
Dale, preciosa, brindemos.
Camila intentó sonreír:
—Lo siento mucho, señor Dupuis, pero... por mi salud no puedo beber.
La expresión de Waylon cambió.
—¿Vienes a una cena de negocios y no puedes beber? ¿Crees que esto es una piñata?1
Un escalofrío me recorrió la espalda.
Solo pensaba: por favor, que no me pida beber a mí.
Estoy embarazada. No puedo ni probar una gota.
Waylon ya no sonreía. Camila lo miró, como si no supiera qué hacer, con los ojos aguados, esperando que Mateo hiciera algo.
Mateo la miró un momento y levantó su cора:
—Señor Dupuis, si le parece bien, yo puedo beber por ella.
Waylon se recostó en su silla y se aflojó la corbata, con una sonrisa que no tenía nada de amable:
—Ya dije que quiero brindar con una mujer guapa, no contigo, señor Bernard. Además, ¿esto es lo que tú llamas respeto? ¿Traer a alguien que ni puede brindar?
No alzaba la voz, pero en sus ojos se veía algo oscuro, como si estuviera conteniéndose.
Era claro que no iba a ceder tan fácil. Aquí él era el que mandaba.
Entonces, Camila habló en voz baja:
—Señor Dupuis, ¿por qué no deja que Aurora brinde con usted?
Qué maldita rabia. Volteé a verla, con una mirada asesina.
¡Otra vez esa mujer quería joderme!
Ella sonrió:
—Usted no lo sabe, señor Dupuis, pero Aurora es clienta frecuente en los bares. Si quiere pasarla bien, ella no lo va a defraudar. Seguro se divertirán
con una sonrisa:
—Cualquier mujer guapa es bienvenida. Pero... ¿por qué me parece que no quieres? ¿Tan difícil es brindar conmigo?
Mientras hablaba, su mirada se volvió más oscura y cortante.
Debajo de la mesa, Alan me jaló suave de la ropa.
—Aurora, ¿qué haces? Es solo un brindis. No es para tanto. ¿Todavía estás molesta con Mateo?
Mira, ahora lo que importa es cerrar el trato. Tú brinda y ya. Luego yo le doy unos buenos golpes a Mateo por ti —me susurró.
Apreté el puño bajo la mesa.
Si no estuviera embarazada, no me importaría brindar.
Pero ahora, con dos bebés en mi vientre, no podía ni probar vino.
—Vamos, Aurora, brinda con el señor Dupuis —dijo Camila, con su voz actuada—. ¿O lo estás despreciando? Entonces todo lo que dijiste antes fue pura mentira. Aurora, no seas altanera. Ya no eres una princesa. El señor Dupuis es el dueño de esta ciudad. Con cada palabra suya, Waylon me miraba con más interés.
Yo quería arrancarle la lengua a esa víbora.
Incluso Alan la miró de forma seria, como diciéndole que ya se callara.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)