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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1932

—Ja, ja… ¡con lo que dices ya me dieron ganas otra vez! —le gritó Darío.

Cuando escuchó eso, él se frotó las manos y me dio una mirada obscena mientras se acercaba para jalarme. Yo le seguí el juego, llorando y gritando que no. El señor Felipe nos miró a los dos con una expresión que decía mucho.

—Darío, acuérdate de medirte un poco, ¿eh? Ja, ja, ja…

Los guardaespaldas que estaban cerca también se rieron fuerte, muy malintencionados. Por fortuna, el señor Felipe no se demoró en irse y se llevó a sus hombres con él. A pesar de eso, no me atreví a relajarme; seguí llorando y peleando, haciéndome bolita con todas mis fuerzas contra el borde de la cama.

—No… Darío… suélteme… se lo ruego…

Mientras peleaba, miré de reojo hacia la puerta. No estaba cerrada del todo, sino que se quedó un poco abierta, como si fuera un ojo que nos vigilaba. Quién sabía si ese viejo mañoso no había dejado a alguien mirando. Darío actuaba de una forma muy real; me agarraba y no dejaba de besarme mientras me decía groserías.

—Perra, ¿de qué te escondes? Si ya pasó una vez, ¿qué te da pena ahora? Ven, deja que te bese.

—No, Darío… —le dije llorando con mucha tristeza, con una voz que transmitía puro miedo y desesperación—. No… ah… la puerta… la puerta no cerró bien… aunque quiera repetir… por lo menos cierre la puerta… ¿qué tal que alguien entra?

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