No solo Henry se quedó viendo sin palabras, hasta yo, que soy mujer, me sorprendí un poco por lo que veía. Camila, como mucho, parecía una mujer pura, pero si la comparabas con Alma, en serio no le llegaba ni a los talones. Henry y yo nos quedamos atrapados en la sonrisa de Alma, mientras que Waylon, que estaba fumando un cigarrillo, ni siquiera la miró.
"¿No será cierto lo que dice Henry de que este muchacho es gay?", pensé mientras lo observaba.
De repente, Alma habló:
—Si lo hiciste tú mismo y todavía está caliente, sería una lástima no comerlo.
Cuando escuché eso, pensé que de verdad se iba a comer el desayuno que Henry había preparado con sus manos. Henry también lo creyó, y la cara se le puso muy alegre por la emoción. Estaba por acercarse con la lonchera hacia Alma, pero al segundo siguiente, la mano delicada de la mujer me señaló a mí.
—Dáselo a ella, está embarazada y necesita alimentarse bien.
"La señorita en serio es mala. Henry le preparó un desayuno con todo su cariño y ella se lo da a otra persona en su propia cara". Pensé que esto solo iba a traer problemas entre Henry y yo; de hecho, él me lanzó una mirada de furia. Me quedé sin palabras y pensé: "¡No es mi culpa que ella quiera regalar tu comida! Si quieres pelear con alguien, mira a la señorita".
Waylon, por su parte, se acomodó en su silla y se puso a disfrutar de lo que pasaba. Apreté los labios y le sonreí con cuidado a Alma:
—Gracias por ser tan generosa, señorita, pero acabo de desayunar hace un momento.
—Aunque ya hayas comido, te cabe un poco más —dijo Alma mientras se inclinaba un poco hacia mí con una sonrisa dulce—. ¿No te dije? Estás embarazada y tienes que comer por dos. Capaz que cuando nazca ese bebé me tenga que llamar madrina; por eso tengo que alimentarlo bien.
Cuando escuché eso, me asusté y me puse feliz al mismo tiempo. Me alegré porque eso quería decir que no nos iba a entregar a Jeison; pero me dio miedo pensar que, si me tenía ahí hasta que naciera el niño, capaz no me dejaría ir nunca.

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