Entrar Via

Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1803

—¿Cómo iba yo a saberlo...? —dije, y de repente empecé a llorar—. ¿Cómo iba a saber que el señor Pedro solo me estaba haciendo una broma? Usted misma lo vio —seguí hablando entre lágrimas—, cuando le propuso cambiarme por su esposa, él ni siquiera lo pensó antes de negarse. Todo fue porque mi esposo había tomado a su esposa como rehén una vez y él quiso vengarse, hacerme pagar por eso, burlarse de mí.

Luego continué:

—Si usted de verdad me hubiera dejado ir con él, sin duda me habría usado para atraer a mi marido y luego nos habría matado a los dos. Al no dejarme ir, igual logró su plan: pasarla bien a mi costa. ¡Buaaa...! Todo fue culpa mía por ingenua. Sabía perfectamente que él tenía otros motivos cuando vino a pedirle que me entregara y, aun así, creí que de verdad estaba interesado en mí. Perdóneme, señorita... no lo vuelvo a hacer. Usted sí es buena conmigo; esos hombres... todos son unos mentirosos, ¡todos son unos malditos mentirosos!

Eso último lo dije con un claro propósito. Tenía la sensación de que a esta mujer la había traicionado algún hombre y que por eso les tenía tanto desprecio y rencor. Quise ponerme de su lado, hacerla sentir que compartíamos el mismo dolor, que éramos del mismo bando. Pensé que así me miraría con un poco más de compasión y menos odio.

Pero en cuanto terminé de hablar, la cara de la señorita Alma cambió por completo. Su expresión se puso aterradora; aquella cara bella y radiante se llenó de un odio y una furia espantosas.

De repente se escuchó un ruido seco; vi cómo partió en dos el abanico que tenía entre sus manos.

Se llevó las manos a la cabeza y, apretando los dientes, murmuró, llena de la rabia que estaba conteniendo:

—¡Sí! ¡Parranda de mentirosos! ¡Todos los hombres son unos perros mentirosos! ¡Mentirosos todos, carajo! ¡Que mueran! ¡Que todos se vayan a la mierda! ¡Todos! ¡Muéranse todos!

En un instante, los ojos de la señorita Alma se pusieron de un rojo intenso. Yo me quedé paralizada. ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso me había equivocado en mi apuesta? ¿Intenté salvarme y solo logré provocarla todavía más? Mientras el miedo me apretaba el pecho, la señorita Alma dio un grito desgarrador y salió corriendo hacia el piso de arriba como una loca. Una de las empleadas gritó, alarmada:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)