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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1781

Sin embargo, parecía que Henry se había quedado mudo de verdad, arrodillado en el suelo, con la cabeza gacha.

Lo miré, desesperada.

No era raro que ninguno de ellos contara con la estima de la señorita Alma, al menos no tanto como Jeison. Waylon era un loco, con un carácter que cambiaba a cada rato, eso ni se diga. Y Henry, bueno... abría la boca aun cuando no sabía ni qué decir; que pudiera caerle bien a la señorita Alma sería un milagro.

En cambio, Jeison era distinto; cuando hablaba, parecía endulzar el oído. Incluso le decía "mi amor, mi amor" a la señorita. Lo más importante era que era un muy buen actor; unas veces fingía estar herido, otras se hacía la víctima... ¿cómo no iba a adorarlo la señorita Alma?

Bueno, ahora lo entendía. En cuestión de ser un buen amante, ni Waylon ni Henry le llegaban a los tobillos a Jeison.

Mi mente volvió al presente.

Henry seguía de rodillas, sin decir una palabra. Yo podía ver claramente cómo la señorita Alma estaba cada vez más fastidiada.

—¿Ah, así que quieres ser mudo? —dijo ella—. Muy bien, como buena señorita, te voy a cumplir el deseo. ¡Ven...!

—¡No! —dije sin pensarlo—. Este hombre... bueno, solo es torpe al hablar, no sabe manejar bien sus emociones. En realidad, lo que dijo antes no fue para acusarla, ni mucho menos por celos de Jeison, tampoco pretendía denunciarlo. Solo estaba preocupado por usted, tenía miedo de que Jeison trajera de repente a Javier, de Ruitalia, para planear algo en su contra. En serio, lo que le preocupa... es usted, señorita —hablé mientras la observaba con cautela.

En cuanto abrí la boca me arrepentí; me dio miedo que la señorita Alma descargara su enojo conmigo. Pero ya que había hablado, y considerando que dependía de Henry para hacerle llegar noticias mías a Mateo, no tuve más remedio que seguir adelante y defenderlo.

En serio... ese hombre, cuando estaba en Ruitalia y manejaba aquel perro guardián, era hábil, inteligente, incluso era bueno con las palabras. ¿Cómo podía volverse así de inútil frente a la señorita Alma? Si no fuera porque se veía exactamente igual, pensaría que me lo cambiaron.

Cuando escuchó mis palabras, la señorita Alma volteó despacio para mirarme… con una sonrisa aterradora.

Bajé la cabeza de inmediato y fingí que tomaba la sopa, como si hubiera hablado sin querer.

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