Mateo bajó la mirada despacio.
En la última boda entre Aurora y Javier, fue gracias a que Aurora había hecho preparativos y había tomado precauciones desde antes que logró darle la vuelta a la situación, derrotar a Camila y vengarse de ella sin piedad.
Pero en realidad, el verdadero objetivo de esa boda había sido Aurora desde el principio.
Entonces, ese plan que hicieron en la boda para perjudicarla… ¿había sido una conspiración entre Camila y Jeison, o Javier también había participado?
Si Javier de verdad estuvo involucrado, entonces su crueldad hacia Aurora no tenía límites ni le tenía ninguna lástima.
Mateo apretó el puño a su lado.
Un hombre tan mezquino, despiadado y capaz de jugar con los sentimientos ajenos… ¿qué derecho tenía a decir que amaba a Aurora?
Hubo un tiempo en que hasta creyó que ese hombre la amaba de verdad, y por eso decidió apartarse, esperando que Aurora pudiera ser feliz a su lado.
Pero ahora parecía cada vez más claro que Javier quizá solo la estaba utilizando para vengarse de él.
Y pensar que Aurora lo había amado tanto, incluso había quedado embarazada de su hijo…
Si ella llegaba a saber todo esto, ¿cuánto dolor tendría que aguantar?
A través del vidrio del auto, los ojos de Mateo, con una mirada asesina, se fijaron con odio en Javier.
Si todo resultaba ser tal como sospechaba, él mismo se encargaría de matar a ese hombre y vengar a Aurora.
Afuera del auto, Jeison levantó la mano y les hizo señas a los guardaespaldas para que se fueran.
Luego le sonrió a Henry y dijo:
—No era mi intención ofenderte. Solo traje a este hombre porque conté con el permiso de la señorita Alma. Si ella no ha dicho nada, ¿no crees que eres tú quien se está metiendo demasiado?
Henry se extrañó, sin poder creerlo:
—¿Dices que fue la señorita Alma quien te permitió traerlo?
—¿Y si no, qué? —Jeison sonrió sintiéndose ganador—. Si no me crees, puedes preguntarle tú mismo. Incluida la mujer que traje aquel día, todo fue con su consentimiento.

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