Cuando mencionaron a ese señor del clan, Mateo pensó de inmediato en Jeison. No sabía si ambos tenían alguna relación de verdad.
Si ese "señor" del que Jeison había hablado antes era precisamente el joven de Valkitlaz, entonces, si él había llegado... ¿significaba eso que Jeison también estaba allí? No entendía por qué Jeison estaba tan empeñado en ir contra él y contra Aurora, pero era evidente que, si esta vez Jeison había aparecido de verdad, la situación se volvería muy complicada. Después de todo, con el respaldo de ese señor, Jeison podía considerarse también un invitado distinguido de esta ciudad de subastas.
Mientras se dirigía hacia el coliseo, vio que seguía habiendo mucha gente por todas partes. Cerca de allí, parecía haber empezado algún tipo de disputa, pues los gritos eran estridentes.
Mateo no tenía intención de meterse en problemas, pero mientras cruzaba la multitud, alguien empujó a una mujer de repente y ella chocó contra él. Por reflejo, Mateo la agarró para que no se cayera. Antes de que pudiera verle bien la cara, alguien intentó darle una cachetada.
Al instante, Mateo levantó la mano y le agarró la muñeca en el aire, completamente concentrado. El que había intentado golpearlo era un hombre barbudo que se veía peligroso, y los insultaba a él y a la mujer en un idioma que Mateo no logró identificar.
Mateo miró a la mujer; era delgada y pequeña, y parecía absolutamente horrorizada. No dejaba de inclinarse ante el barbudo y le pedía perdón una y otra vez. Parecía muda, pues por más que lo intentaba, no lograba decir nada y solo hacía ruidos extraños.
Sin embargo, por su forma de vestir no parecía alguien común. ¿Por qué le tenía tanto miedo a ese hombre?
Mientras pensaba en ello, el hombre le lanzó un puñetazo de repente. Mateo lo esquivó rápido y, acto seguido, levantó la pierna y le dio una patada seca que derribó al barbudo. De inmediato, todos alrededor se echaron a reír.
El hombre, furioso y humillado, gritó mientras se levantaba para lanzarse de nuevo contra Mateo. Mateo se adelantó y lo pateó otra vez; esta vez, el golpe fue directo a la mandíbula. El barbudo gritó y volvió a caer al suelo de forma patética.
Mateo no tenía tiempo ni ánimo para enredarse con gente sin importancia, ni tampoco quería causar más problemas que pudieran entorpecer el rescate de Aurora. Así que, después de dejar al barbudo tirado en el suelo, se dio la vuelta para irse.

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