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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1672

—Mami…

Embi intentó llamarme, pero Luki se apresuró a taparle la boca. Cuando me miró, estaba llorando; en su voz había desamparo, miedo y también una firmeza forzada.

—Voy a proteger bien a mi hermanita. Mami, tú también tienes que estar bien. Papá y yo vamos a ir a salvarte.

La voz de mi hijo, esforzándose por ser fuerte, me dejó un dolor en el pecho y un sabor amargo en la boca. Lancé una última mirada a esas dos pequeñas figuras y trepé fuera del hoyo, corriendo en dirección contraria.

Mientras corría, miré hacia atrás. Los tres secuestradores ya casi llegaban; llevaban linternas. Los haces de luz barrían de vez en cuando los arbustos que cubrían el hoyo, y el corazón se me encogía a cada pasada. Para evitar que descubrieran el escondite, elevé la voz a propósito y grité:

—¡Corran, niños! ¡Sigan a mami, rápido!

Tal como esperaba, al instante siguiente las tres linternas giraron juntas hacia mí.

—¡Por allí! ¡Está por allí, dense prisa!

Los tres secuestradores gritaron y se lanzaron tras de mí. Corrí con todas mis fuerzas; aun así, por dentro me sentía mucho más tranquila que antes. Mientras Embi y Luki estuvieran a salvo, todo valía la pena. Para ganarles más tiempo, no me detuve ni cuando el abdomen empezó a dolerme con punzadas.

No supe cuánto corrí ni a dónde llegué. Al final, los tres me alcanzaron. A esas alturas, el cielo ya empezaba a clarear; entre los árboles se filtraban velos de niebla blanca y algo de luz.

Con una mano me sostenía el vientre dolorido y con la otra me apoyaba en el tronco de un árbol cercano, jadeando mientras los veía cerrarse sobre mí.

Lucas, el secuestrador al que golpeé con la puerta, me fulminó con la mirada. El impacto lo dejó mal: tenía la nariz y la boca ensangrentadas y la frente amoratada.

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