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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1668

El corazón me dio un salto de alegría y susurré:

—Rápido, ayúdame a desatar la cuerda.

—Sí, sí.

Luki se arrastró a tientas en la oscuridad hasta llegar a mí y tocó la cuerda que me ataba las muñecas.

Era demasiado pequeño y, además, no veía nada, así que se le hacía muy difícil desatarla; entre más lo intentaba, más nervioso se ponía.

—Mami… —estaba a punto de llorar—. Creo que dañé la cuerda… no sé cómo desatarla.

Embi dijo en voz baja:

—Luki, no te pongas nervioso. Seguro puedes.

Con una sonrisa, lo animé:

—Claro que sí, Luki puede hacerlo. Mira, hace un momento tú y yo hicimos un buen equipo.

—Ajá.

Luki respondió decidido y se volvió a concentrar en la cuerda de mis muñecas.

Me imaginé que el guardaespaldas había hecho un nudo muy apretado.

Antes, cuando ayudé a Luki, también había sido difícil; por suerte sus manos eran chiquitas y suaves, y apenas aflojé un poco la cuerda, pudo sacarlas.

Conmigo era diferente.

Por suerte, después de moverme mucho un buen rato, sentí que la cuerda en mis muñecas empezaba a aflojar.

—Ya casi, Luki —le susurré emocionada.

Luki se animó más y empezó a jalar con más fuerza.

Al final, la cuerda se aflojó lo suficiente; hice un esfuerzo, saqué una mano y entonces el nudo se soltó.

De inmediato me volteé hacia Embi y la desaté.

Apenas tuvieron las manos libres, los dos niños me abrazaron fuerte por la cintura.

Les acaricié la cabeza y les dije en voz baja:

—No tengan miedo. Estoy aquí.

—Perdón, mami… —dijo Luki con voz apagada, llorando—. No debimos salir a escondidas… perdón

Le respondí suavemente:

—No es culpa de Luki ni de Embi. Fue su abuelo el que fue malo; él los engañó. Ustedes solo querían ver a mami.

Cuando pensé en su abuelo, en mi propio padre, sentí un odio profundo.

Que antes ayudara a Camila a difamarme ya era imperdonable.

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