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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1636

Mi pánico fue instantáneo.

Pasmada, me quedé mirando a la persona que salió del salón. Aunque no era Mateo.

Al instante, sentí una mezcla de decepción y de alivio que no podía explicar.

Todavía quería asomarme por la rendija de la puerta para ver adentro, pero cerraron rápido.

La persona me miró raro y se fue a un lado a contestar el teléfono.

Bajé la mirada y suspiré.

¿Qué más quería yo?

Así estaba bien, ¿no?

¿Por qué insistía en verlo, si verlo no iba a cambiar nada?

Y si él me veía y se volvían a abrir las heridas, ¿qué iba a hacer entonces?

Fui yo la que le dijo esas palabras que lo lastimaron.

Mateo ya hizo lo que tenía que hacer; ¿por qué sigo dándole vueltas al asunto?

Tal como dijo Alan, mi indecisión solo le iba a causar más daño.

Desanimada, seguí a la mesera hacia el salón reservado.

Carlos y mi papá ya habían llegado.

El lugar era elegante y discreto; solo estábamos los tres y todo estaba muy tranquilo. Apenas entré, Carlos me recibió emocionado y me llevó a sentarme.

—Aurora, por fin llegaste —mientras hablaba, me miró de arriba abajo; se le aguaron los ojos de una vez—. ¿Cómo adelgazaste tanto? ¿No has comido bien estos días? Hoy regresa conmigo, te voy a preparar algo para que te recuperes.

—Eso mismo digo yo —interrumpió mi papá antes de que pudiera responder—. Vete a vivir a la casa de Carlos. Llévate también a mis dos nietos, así hay más ruido en la casa. Espacio no falta.

Le quité el brazo a Carlos suavemente y respondí, tranquila:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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