Lo miré, con la cara empapada en lágrimas.
Nunca imaginé que algún día él sería capaz de rebajarse hasta ese punto por mí. Cuando lo vi así, el corazón me dolía de verdad; un dolor profundo, insoportable. ¿Cómo podía dejar de hacerle daño? Yo había hecho todo lo posible por amarlo, y aun así, lo único que parecía darle eran heridas. Sabía que Mateo de verdad trataría al niño que esperaba como si fuera suyo, pero ese niño, para él y para mí, no dejaba de ser una humillación.
Mientras ese niño existiera, sería un recordatorio constante de esa relación vergonzosa entre Javier y yo. Mateo no le haría daño al niño, ni me odiaría, ni me reprocharía nada; él simplemente enterraría todo el dolor en el fondo de su corazón y lo aguantaría solo.
No quería que se volviera así, no quería que viviera atrapado en el sufrimiento.
De repente me di cuenta de algo terrible: si su mundo no tuviera lugar para mí, a lo mejor su vida sería mucho más luminosa, mucho más feliz. Antes tal vez no entendía lo que significaba "mejor un dolor corto que un sufrimiento eterno", pero en ese instante... lo comprendí.
Aguantando el dolor que me partía el pecho, fui soltando poco a poco mi muñeca de su mano. Su mirada se apagó al instante.
Me agarró fuerte y entrelazó mis dedos con los suyos.
—Aurora... —me miró fijamente, con la voz llena de pánico y desamparo—. Lo voy a decir una vez más. Estoy dispuesto a aceptar a este niño. Estoy dispuesto a tratarlo como mío. Para mí, va a ser igual que Embi y Luki, va a ser nuestro hijo. No pienses tonterías, no te eches para atrás. Te lo suplico, ¿sí?
—Pero es mi hijo —dijo Javier, riéndose—. Yo no voy a dejar que ella, con mi hijo, se quede contigo.
Alan explotó de coraje:
—¡¿Y tú quién te crees que eres para impedirlo?! ¡¿Con qué derecho?! Aunque el niño sea tuyo, ¿qué? Ella ya le dio dos hijos a Mateo.
Javier bajó la mirada y sonrió con desprecio:
—¿Y Mateo qué es para ella? No olvides que ya están divorciados. Ahora está embarazada de mi hijo, así que debería volver conmigo. En cuanto a Mateo... —se burló—, él y Aurora no son más que pasado.

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