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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1549

Hablara o me callara, daba igual... ya no tenía futuro con él. Nada, absolutamente nada, iba a ser posible entre nosotros otra vez; mi silencio pareció ser la chispa final que encendió por completo toda la furia que él estaba conteniendo.

"¡Aurora Cardot!".

Solo esas palabras a través de la pantalla bastaron para que yo sintiera su decepción, su rabia y su dolor. Recordé su descontrol en la habitación del hospital y sentí otra vez ese dolor en el pecho, como una punzada insoportable.

Después de ese mensaje, no volvió a llamar ni a escribir. Con los ojos llenos de lágrimas, revisé uno por uno los mensajes que me había enviado en el día; cuando llegué al que decía "quiero comer lo que tú preparas", me limpié la cara y paré un taxi en la calle.

Mateo quería comer algo hecho por mí. No podía ir a verlo ni ofrecerle nada más, pero al menos podía prepararle comida. No era muy buena en la cocina y solo seguía recetas de aplicaciones; de hecho, ahora que lo pensaba... ni siquiera sabía cuál era su comida favorita. No recordaba que tuviera preferencias claras, nunca decía qué le gustaba más ni qué odiaba.

Compré un montón de ingredientes. Hacía mucho que no cocinaba, por eso los primeros tres intentos salieron horribles y solo hasta el cuarto se empezó a ver decente. En total preparé siete platos y un caldo suave. Como Mateo estaba herido y había perdido mucha sangre, elegí cosas suaves que le ayudaran a recuperar fuerzas; después de descartar los tres primeros, quedaron cuatro platos aceptables.

Cuando terminé ya era casi de noche, pero esa sensación de estar ocupada era extrañamente reconfortante.

Mientras cocinaba no tenía que pensar en la desesperación ni en la tragedia que me asfixiaba; la idea de que Mateo comiera lo que yo había preparado... me llenaba de una felicidad extraña y amarga, pero felicidad al fin y al cabo. Alisté los recipientes para mantener el calor y guardé todo con cuidado. Las luces de la calle ya estaban encendidas cuando salí, y tenía el corazón inquieto porque no sabía si él ya había cenado.

No podía subir y llevárselos yo misma, así que pensé en llamar a Alan para que se los entregara él; podía decirle que eran de parte de Chloe y así Mateo no sospecharía nada. Pero antes de marcarle, cuando llegué al hospital me encontré con Indira. Llevaba un bolso al hombro, como si estuviera a punto de irse, y cuando me vio, me miró mal y me bloqueó el paso.

Seria, la miré.

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