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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1548

Salí corriendo del hospital, sin aire y con los ojos llenos de lágrimas. En la vereda, me dejé caer temblando, con la mano en la boca y llorando sin poder contenerme.

Perdón, Mateo. Perdón...

¿Qué debía hacer? Después de lo que pasó con Javier, yo ya no podía estar bien con Mateo. Entonces, ¿qué se suponía que hiciera para no lastimarlo, para no verlo tan destrozado? Pensé que, después de deshacernos de Camila, por fin podríamos estar bien. Pero ¿por qué tuvo que pasar esto? ¿Por qué? Cada vez que la felicidad parecía estar a un paso, siempre se desmoronaba justo antes.

Por un buen rato, estuve sentada frente al hospital. Desesperada por saber cómo seguía Mateo, pero al mismo tiempo sin atreverme a verlo. No fue hasta el mediodía que Alan salió. Enseguida corrí hacia él.

Asustado y extrañado, Alan me vio. Cuando me reconoció, su cara cambió para mal y de inmediato me agarró del brazo.

—Ah, viniste. Anda, rápido, sube conmigo a ver a Mateo.

Hice un esfuerzo por soltarme, con la voz temblorosa.

—¿Se... se le abrió la herida? ¿Está mejor?

Alan me miró fijamente.

—¿Cómo sabes que se le abrió la herida? —se detuvo un segundo, vio mis ojos hinchados por el llanto y se sorprendió—. No me digas que estabas espiando desde afuera... ¿Y si ya estabas aquí y hasta lo viste, por qué te escondiste? Y si sabías que su herida se abrió, seguro también sabes por qué se abrió. Entonces ¿cómo pudiste aguantarte sin entrar? De verdad... ¡no lo quieres ni un poquito!

—Solo dime... si está mejor —pregunté sin levantar la mirada, con dolor en el pecho.

Molesto, Alan se rio.

—Si tanto quieres saberlo, ¿por qué no subes tú misma?

Callada, me quedé con los labios apretados y cerrando fuerte los puños por el dolor y la culpa. Cuando me vio así, Alan se enfureció aún más.

—Te lo pregunto por última vez: ¿vas o no vas a ver a Mateo?

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