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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1245

—Je, je, ¡padrino, también viniste! —Luki le tomó la mano a Alan y saltaba de emoción.

Embi, mirando hacia arriba, agregó:

—Padrino, ¿dónde estuviste? Hace mucho que no te veía. ¡Te extrañé muchísimo!

Alan sonrió y les revolvió el cabello con cariño.

—El padrino les trajo regalos de Navidad. Vamos, vengan conmigo a buscarlos.

Luego los llevó hasta el baúl de su carro.

Sonreí; en el fondo, no pude evitar pensar en que si Alan y Valerie tuvieran hijos, iban a ser igual de adorables que los míos.

En la cocina solo quedaba una sopa cocinándose.

Puse la mesa con los platos y los cubiertos mientras Javier se acercaba a ayudarme.

Alan, por su parte, jugaba con los niños y les mostraba los regalos que acababa de traerles.

Le sonreí y le pregunté:

—¿Por qué no trajiste a tu madre y a Zella?

Zella había regresado a Ruitalia hacía unos días.

Al principio quise ocultarle el estado de Valerie porque temía que no soportara la noticia. Pensaba contárselo solo cuando Valerie despertara.

Pero Zella notó que algo no andaba bien.

Llevaba días preguntándome por ella sin parar y al final ya no tuve cómo ocultarlo.

Le conté todo.

Por suerte, resultó ser mucho más fuerte de lo que esperábamos.

En cuanto supo la verdad, compró un boleto de avión ese mismo día.

Alan y yo fuimos a recibirla al aeropuerto y cuando llegamos, la llevamos directo a ver a Valerie.

Cuando vio a su hija inconsciente, Zella lloró tan fuerte que casi se desmayó.

Por suerte, Alan había llamado al médico de la familia con anticipación y pudieron estabilizarla.

Después, cuando le confirmaron que Valerie tenía grandes posibilidades de despertar, Zella se calmó un poco y volvió a tener esperanza.

Además, Chloe, la mamá de Alan, y la mamá de Zella se hicieron muy buenas amigas, y conversar les ayudó a sobrellevar la tristeza.

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