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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 631

El tiempo pareció detenerse, y el aire a su alrededor se volvió tan pesado que asfixiaba.

Venancio se llevó a Camila a rastras, dejándola atónita.

Antes de irse, ella alcanzó a escuchar el llanto de Nanette.

Un llanto lleno de dolor y resentimiento que le punzó los nervios a Venancio.

La empujó dentro del auto y cerró la puerta de un portazo brutal.

El vehículo arrancó a toda velocidad, zigzagueando temerariamente entre el tráfico, a punto de chocar con otros autos en varias ocasiones.

Camila por fin sintió miedo. Se aferró a la manija de seguridad y le gritó:

—¡Venancio, estás loco! ¡Nos vas a matar!

Él apretó la mandíbula, con una expresión que dejaba claro que la vida y la muerte le daban igual.

—¡Mejor si nos matamos! ¡Así se acaban los problemas! Me iré al infierno contigo y arreglaremos nuestras cuentas en el Camino de las Almas.

Los autos a su alrededor hacían sonar sus bocinas con furia. Estuvieron a milímetros de rozar a dos de ellos.

Camila cerró los ojos aterrorizada y soltó un grito ensordecedor.

El auto finalmente se detuvo de golpe en el estacionamiento del edificio de Venancio.

La bajó a la fuerza y la arrastró hasta su departamento.

Con el ceño fruncido por la frustración, Venancio se quitó el saco, lo tiró a un lado y le exigió una respuesta con voz gélida.

—¡¿Qué diablos pretendes hacer?!

Camila se frotó las muñecas, que empezaban a amoratarse por la fuerza con la que la había agarrado.

—¡Ustedes me obligaron!

—¡Nadie te obligó a nada! ¡Nadie! —Las venas del cuello de Venancio resaltaban por la rabia—. ¡Camila! ¿En qué te has convertido? Tú no eras así. Eras directa, decías lo que pensabas de frente, ¡y eso me gustaba! ¿Por qué tenías que armar este escándalo hoy?

Dio una patada al sofá, furioso.

—¡¿Por qué?!

—¿Te dolió verla? ¿Te dolió que llorara?

Finalmente, Venancio dio dos pasos hacia atrás y se dejó caer en el sofá, agotado.

—Atacar a todo el mundo de esta manera... ¿de verdad te hace feliz?

Los ojos de Camila comenzaron a cristalizarse.

Ella no quería eso.

No quería que las cosas terminaran así.

No sabía qué le pasaba; en los últimos días se había comportado como una loca.

No soportaba ver la conexión tan profunda que existía entre Noel y Nanette. Y mucho menos soportaba ver cómo Venancio, después de haberse acostado con ella, seguía tratando a Nanette como si fuera de cristal.

¿Qué era ella, entonces?

—¿Crees que Noel no se muere de ganas por casarse con Nanette? Si está dispuesto a dar su vida por ella, ¿crees que no lo desea con toda su alma?

Venancio soltó un suspiro profundo.

—No es que no quiera, es que no puede dar un paso en falso. Tú no tienes ni idea de lo masiva que es la familia Cortés, de lo complejas que son sus redes, de las batallas de poder que libran todos los días y de sus conflictos con otras familias influyentes.

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