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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 615

Al recordar a Camila, la sonrisa de Nanette se fue desvaneciendo poco a poco.

—Noel.

Él le susurró al oído con ternura:

—¿Mmm? ¿Qué pasa?

—Yo...

El sonido abrupto de un teléfono interrumpió sus palabras.

Era el celular de Noel.

En la pantalla brillaba el nombre: Venancio Lenso.

Noel activó el altavoz.

La voz de Venancio carecía de su habitual energía; sonaba bastante apagada.

—Noel, ¿estás con Nanette en este momento?

—Sí, estamos juntos —respondió Noel.

—Era de esperarse.

—¿Pasa algo?

—Sí, hay algo.

—Por tu tono, no parece ser nada bueno.

El suspiro de Venancio se escuchó con total claridad a través de la bocina.

—Ni yo mismo sé si alegrarme o no.

—Cuéntame —lo animó Noel.

Venancio guardó silencio por unos segundos.

—Olvídalo, mejor esperamos a que regresen.

—¿No puedes decírmelo ahora?

—No es que no pueda, es que prefiero hacerlo en persona. ¿Cuándo vuelven?

—Salimos mañana por la mañana, calculo que llegaremos a San Lirio al mediodía. Pero en cuanto lleguemos, tenemos que pasar primero al hospital a ver a Tina.

—Perfecto, entonces cenemos juntos.

—Trato hecho.

Al colgar, Noel comentó:

—Conozco a Venancio desde hace años y rara vez lo escucho hablar con ese tono. Debe estar pasando por una situación realmente frustrante.

Nanette no dijo ni una palabra.

Lo más probable era que se tratara de algo relacionado con Camila.

Haber perdido su primera vez de una manera tan accidentada había sido un golpe duro para ella; no era fácil superar algo así.

Pero Venancio tampoco era el tipo de hombre que huía de sus responsabilidades. Estaba dispuesto a casarse con ella para asumir las consecuencias.

Pero si Camila se negaba a casarse, ¿qué haría él?

Al ver el ceño fruncido de Nanette, Noel rompió el silencio:

—Ya casi llegamos a la cima.

Nanette volvió en sí y miró hacia afuera.

La vista era espectacular, de una belleza que embriagaba.

Soñó que llevaba un hermoso vestido de novia blanco y caminaba lentamente hacia él.

Noel, vestido con un elegante traje blanco, se veía apuesto y majestuoso. La esperaba con la mano extendida y una mirada llena de adoración.

Intercambiaron anillos y se fundieron en un beso profundo, mientras el sonido de los aplausos y las bendiciones resonaban a su alrededor.

Fue un sueño verdaderamente hermoso.

A la mañana siguiente, Nanette despertó.

Iris ya se había levantado desde temprano, pero para no interrumpir su descanso, se había quedado sentada en la cama revisando su teléfono.

Nanette se frotó los ojos somnolientos y se desperezó.

Iris le dedicó una dulce sonrisa.

—Vicepresidenta Larco, ya despertó.

Nanette soltó un perezoso murmullo.

—¿Qué hora es?

Iris revisó la pantalla.

—Las ocho y veinte.

¡Las ocho y veinte!

¡Por Dios!

Había dormido de un tirón hasta esa hora.

Nanette recordó que Noel le había dicho que partirían hacia San Lirio a las nueve en punto.

Se sentó en la cama de un salto.

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