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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 575

Nanette se acercó a grandes zancadas y apartó al hombre de un empujón.

—¡Camila! ¿Qué demonios estás haciendo?

Camila levantó la vista, entrecerrando los ojos, y tardó unos segundos en reconocerla.

—¡Pero si es Nanette! ¿Qué haces aquí?

—Vine a llevarte a casa.

Camila soltó un par de hipos de borracha.

—¡Aún no he terminado de divertirme! No me voy. Ya que estás aquí, ven, siéntate y diviértete con nosotros.

Luego, se giró hacia los dos hombres que la acompañaban para hacer las presentaciones.

—Les presento... a mi queridísima amiga y mejor confidente, Nanette... ¿A que es muy bonita?

Los dos hombres asintieron, siguiéndole la corriente.

—Preciosa, bellísima, una verdadera diosa.

Nanette no soportaba los halagos superficiales, y el ambiente lleno de humo y ruido le repugnaba.

—Camila, vámonos ya.

Pero Camila hizo oídos sordos.

—Les voy a decir un secreto... No subestimen a mi Nanette. No solo es una cara bonita, ¡es una genio de las computadoras! Diez, no, ¡cien veces mejor que yo!

—¡Ven, Nanette!

Camila agarró el brazo de Nanette y la obligó a sentarse de un tirón.

—Nanette, no seas aguafiestas. Ya que estás aquí, quédate un rato.

Nanette agitó la mano frente a su rostro para disipar el pestilente olor a alcohol y tabaco.

—Basta de juegos. Vámonos a casa, hablaremos de todo allá.

Camila se quedó inmóvil de repente, giró la cabeza y clavó su mirada en Nanette.

—¿Hablar de qué? ¿Qué sabes tú?

—No quise decir eso...

—¡Claro que sí! ¡Para ustedes yo siempre seré la equivocada, solo soy un maldito chiste!

Los ojos de Camila se fueron enrojeciendo, y de un trago se terminó todo el licor que quedaba en su vaso.

Se limpió la boca con el dorso de la mano y soltó una carcajada lúgubre.

—¿Fuiste tú quien instigó a Venancio, verdad?

Nanette no comprendió.

—¿De qué hablas?

—No querías que yo me acercara a Noel Cortés, así que me empujaste hacia Venancio, ¿no es así?

La expresión de Nanette se ensombreció.

—Camila, no puedo creer lo que escucho. Eres una mujer con educación, de buena familia. ¿Cómo puedes decir semejante barbaridad? ¿Por quién me tomas?

—¿Acaso miento? Tenías miedo de que me gustara Noel, y como Venancio hace todo lo que tú le pides, lo mandaste tras de mí. Él te sigue a todas partes como un perrito faldero, mimándote y rogando por tu atención.

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