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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 537

La furia de Galileo estalló.

—¡Detente!

Hugo se detuvo y se giró.

—¿Necesita algo más, Presidente Godoy?

—¡Llévale un mensaje de mi parte a tu jefe! ¡Dile que no sea tan descarado queriendo comer del plato ajeno cuando ya tiene el suyo!

Hugo soltó una carcajada irónica.

—Disculpe, pero yo no sigo sus órdenes.

Galileo estaba a punto de replicar, pero Hugo prosiguió.

—Yo respondo ante el joven amo, no ante usted. No tiene ningún derecho a exigirme nada.

»Y otra cosa, la próxima vez que se dirija a mí, no use ese tonito de dictador. Como hombre de mi jefe, no me rebajo ante nadie que no sea él.

Dicho eso, Hugo se marchó.

Ciego de rabia, Galileo le asestó otra ráfaga de patadas al hombre tirado en el suelo.

El Director Saavedra se desmayó en el acto.

Galileo golpeó la pared con el puño.

Irene se sobresaltó, pero mantuvo el silencio.

Sabía que, en ese momento, él necesitaba drenar su rabia.

Su voz se elevó en un rugido ronco y gutural, dejando salir todo el resentimiento acumulado en su pecho.

¡Él era Galileo Godoy!

¡¿Cómo se atrevía Yolanda Camoso a traicionarlo así?!

Destrozado, se dejó caer en el sofá.

Una cascada de recuerdos inundó su mente.

De cómo había amado a Yolanda.

De cómo la había consentido y protegido.

Incluso llegó a hacer sufrir a su propia esposa, una y otra vez, solo para defender a su amante.

Je.

Con razón su esposa siempre lo tachaba de ciego.

—Aun así, te sugiero que finjas demencia por ahora —añadió Irene.

Galileo frunció el ceño.

—¿Fingir? —Su tono era helado—. Me han visto la cara de imbécil y ¿pretendes que actúe como si nada?

Irene, imperturbable ante su frialdad, trazó pequeños círculos en su pecho con sus delicados dedos.

—¿Y qué planeas hacer? ¿Matarla?

»Si la matas, jamás podrás ponerle las manos encima a los activos de la familia Camoso.

La mente de Galileo se quedó en blanco por un instante.

—¿Qué quieres decir...?

Irene sonrió con suavidad.

—Si los grandes generales de la antigüedad fueron capaces de arrastrarse bajo las piernas de sus enemigos para asegurar su victoria, ¿qué es este pequeño obstáculo para ti? El que soporta lo que otros no pueden, es el que alcanza lo que otros sueñan.

Galileo la miró con asombro.

—No esperaba escuchar algo tan sabio de ti.

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