Su preocupación por él carecía de todo sentido.
—Joven amo, dígame la verdad, ¿cómo se hizo esto? Eso no fue un accidente, es obvio que alguien lo golpeó. No me tome por idiota.
Noel le dio unas palmaditas suaves en la mejilla.
—Basta. Aún tenemos mucho tiempo aquí, ve a comprar algo de comer para todos.
—No quiero. —Isaac sacó a relucir su lado más terco—. ¡Si no me dice la verdad, no iré!
Gael se cruzó de brazos, paseando la mirada por la comisura de Noel.
—Por lo visto, tampoco parece que se lo haya hecho besando a alguien.
¡Qué barbaridad! Ese hombre no descansaría hasta dejar a todos boquiabiertos.
Nanette apretó los dientes. ¡Ese Gael!
O no abría la boca, o cuando lo hacía, dejaba a todos de una pieza.
—Parece que tienes mucha experiencia —le recriminó Isaac.
Gael asintió con un aire de absoluta madurez.
—He besado a una chica antes.
Isaac cayó redondito en el tema.
—¿Tu novia?
—Sí, crecimos juntos en el orfanato. Nos besamos cuando ella tenía dieciséis años.
Isaac chasqueó la lengua.
—¡Vaya! Quién lo diría, resultaste ser todo un pícaro. Apenas tenía dieciséis y ya te le habías lanzado.
—Solo fue un beso, no hicimos nada más. Además, yo ya había decidido que me iba a casar con ella. ¿Acaso un beso no es algo completamente normal? —respondió Gael.
Lástima que su felicidad fue demasiado breve.
Al final, la terminó perdiendo.
Gael le dio un codazo a Isaac.
—Tú no has besado a nadie, ¿verdad? Se nota que te falta mucha experiencia.
Isaac levantó el pecho con un orgullo inusitado.
—Es cierto, nunca lo he hecho, ¿y qué? ¡Es lo más normal del mundo! Eso demuestra que soy puro de corazón.
Gael negó con la cabeza.
—Casi tienes treinta años, nunca has dado un beso, y todavía te atreves a sacar pecho con tanto orgullo.
Isaac no se dejó intimidar.
—¡Y qué si casi tengo treinta! Mi joven amo ya tiene treinta años y tampoco ha dado su primer beso, ¿por qué habría de apresurarme yo?
De inmediato, se escuchó un ataque de tos.
Noel, que justo estaba tomando agua mineral, se atragantó de tal manera que hasta le salieron lágrimas.
Nanette no pudo evitar extender la mano y darle unas suaves palmaditas en la espalda.
Sabía que la relación de Noel con su prometida era fría, incluso distante.
Pero no imaginó que llegara a tal extremo.
¿De verdad nunca se habían besado?
Gael, desafiando el peligro, se inclinó un poco más hacia él.
—¿En serio nunca has besado a nadie?
Finalmente, Noel levantó la cabeza, enderezó la postura y en sus ojos destelló una pizca de incomodidad.
—Sí lo he hecho.
Isaac abrió los ojos de par en par.
—¡Joven amo! ¿Cuándo? ¡¿Por qué no me enteré?!
Gael torció la boca con burla.
—¿Acaso tiene que pedirte permiso por escrito para esas cosas?
Isaac se rascó la cabeza.
—No cuadra. El joven amo jamás ha tenido contacto físico con la señorita Zamora, así que ¿de dónde salió ese beso? ¿Acaso fue después de llegar a San Lirio? Imposible, desde que llegó él...
Isaac se quedó mudo y, por instinto, miró a Nanette.
De pronto, alguien más empezó a toser desesperadamente.
Esta vez fue Nanette quien se atragantó.

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