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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 520

—¿Te vas a casar con él?

Lo que Nanette estaba a punto de replicar se le quedó atorado en la garganta.

No sabía ni qué responder ante una pregunta tan absurda.

La mirada de Noel se centró en las manos entrelazadas a la fuerza.

—Presidente Godoy, compórtese.

Galileo no se dejó intimidar.

—¿Tengo que comportarme yo o deberías hacerlo tú? ¿Acaso el señor Cortés ha olvidado que tiene una prometida?

Noel le respondió con absoluta serenidad.

—Creo que quien lo ha olvidado es usted, presidente Godoy. Nanette y usted ya están divorciados desde hace mucho tiempo.

—Tú...

—Gali.

Nanette volteó a ver de reojo y puso los ojos en blanco por dentro.

¡Perfecto!

Ya tenían la mesa de póker completa.

Ese día, Galileo había llevado al bebé a ponerse sus vacunas.

Había evitado a propósito cualquier mención sobre Dina para no amargarse el rato.

Pero nunca se imaginó que terminaría presenciando algo que le amargaría aún más el día.

Al ver que Galileo sujetaba a Nanette del brazo sin soltarla, los ojos de Yolanda Camoso escupieron veneno puro. Ni siquiera se molestó en disimular.

—Gali, ¿qué estás haciendo?

A pesar de su llegada, Galileo no soltó la mano de Nanette.

Nanette, harta de la situación, ya quería golpear a alguien.

—¡Galileo! ¡Tu esposa está aquí! ¿Puedes comportarte? Así como me estás jaloneando... Si tú no tienes dignidad, ¡yo sí la tengo!

—¿Tú tienes dignidad?

Pensar en la escena que acababa de presenciar hizo que la ira de Galileo se disparara.

Nunca pensó que llegaría a enojarse tanto por culpa de una mujer.

—Si tuvieras dignidad, ¿te estarías abrazando con otro hombre en público? ¿No sabes que él ya está comprometido? ¡Nanette! ¿Desde cuándo te has rebajado tanto?

¿Rebajarse tanto?

¡Ja!

—¿Acaso existe una forma más grande de rebajarme que haberme casado contigo?

La intención de Nanette era simplemente burlarse de Galileo.

Pero se le olvidó un pequeño detalle: Yolanda Camoso estaba a punto de casarse con él.

Galileo, cegado por la furia, empujó a Nanette a un lado y volvió a arremeter contra Noel.

Para ser honestos, él no se atrevía a golpearla a ella.

El empujón hizo que Nanette retrocediera torpemente varios pasos hasta que, de repente, algo la hizo tropezar, provocando que cayera hacia atrás.

Gracias a Dios.

Noel la atrapó de nuevo.

Nanette estaba pálida del susto.

Si caía y perdía al bebé, ¿qué iba a hacer?

Ah.

Lanzó una mirada glacial hacia Yolanda.

¿Acaso la creía estúpida para no darse cuenta de que ella le había metido el pie?

Noel también vio cuando Yolanda extendió la pierna.

Ese hombre, que jamás mostraba sus emociones de manera tan evidente, esta vez estaba verdaderamente furioso.

Para proteger a Nanette, le sujetó la mano con firmeza; sus ojos se oscurecieron como un pozo sin fondo, con pequeñas llamas de ira asomándose en sus pupilas.

Las palabras que salieron de sus delgados labios fueron pronunciadas con calma, pero helaban la sangre.

—Para felicitarles por su próxima unión matrimonial, me tomé la libertad de prepararles un gran regalo. Debería estar llegando a la casa del presidente Godoy hoy mismo. Les sugiero que regresen pronto para ver si ese obsequio es de su total agrado.

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