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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 517

Camila empezó a comprender la situación.

—¿Así que te castigaron por negarte a casarte?

Al escuchar un ruido extraño, Venancio se apresuró a volver a arrodillarse de inmediato.

—Sí.

—¿Y hasta cuándo piensas quedarte ahí?

—¡Hasta que me muera! —Venancio estaba decidido—. ¡Es imposible que me case! A menos que pase sobre mi cadáver.

Camila sintió una punzada de lástima por él.

—Tu padre terminará encontrando alguna manera de obligarte.

A Venancio se le iluminó el rostro.

—Hay una forma de evitarlo.

—¿Cuál?

—Que yo busque a alguien para casarme por mi cuenta.

Camila se echó a reír.

—¿Y no viene siendo lo mismo?

—No, es muy distinto —dijo Venancio con cierta frustración—. Si busco a alguien por mi cuenta, al menos será alguien que me agrade a la vista. Aunque no haya amor, podré tolerarlo y sobrellevarlo. ¡Pero a la heredera de los Zúñiga no la tolero ni en pintura!

Camila le mostró mucha empatía.

—Pues entonces, búscate a alguien.

Venancio empezó a soltar unas risitas tan extrañas que a Camila se le erizó el vello de los brazos.

—La vez pasada me pediste que fingiera ser tu novio falso, ¿verdad? Ahora que yo estoy en aprietos, ¿no deberías devolverme el favor?

Camila se negó de inmediato, sin pensarlo dos veces.

—¡Ni se te ocurra meterme en esto! ¿Acaso es lo mismo? Yo solo fingí ser tu novia para sobrevivir a una cena, y ya está. Pero lo que tú quieres es casarte. ¡No juegues con eso!

—Solo es para salir de este problema. En cuanto al matrimonio, buscaré alguna forma de retrasarlo.

—¡No!

—¡Ah, muy bien! ¡Hmph! Camila, veo que eres una persona completamente egoísta y te importa un comino la amistad. Fue una pérdida de tiempo haberte ayudado con tanta dedicación; ni siquiera recibí un «gracias», sino una bofetada que recordaré toda mi vida. Olvídalo, dejamos las cosas así.

Camila se sintió culpable de inmediato.

Camila realmente no quería perder la amistad de Venancio.

Recordando todo lo que él la había ayudado y tolerado, apretó los dientes.

—¡Está bien! Te ayudaré.

Venancio chasqueó los dedos.

—¡Eso es lealtad! A partir de ahora serás mi mejor amiga. Recuerda actuar bien; mi padre no es nada fácil de engañar.

—Déjamelo a mí —dijo Camila con total confianza.

—Entonces te compraré el boleto de avión ahora mismo. Pasado mañana y el día siguiente tienes descanso, así que no tendrás que pedir permiso en el trabajo. Ven directo hacia acá.

Camila se sorprendió.

—¿Tan pronto?

—¡Por supuesto que es urgente! Si no vienes pronto, ¡voy a morir arrodillado aquí!

Camila finalmente cedió.

¿Qué más podía hacer? Eran amigos, ¿no?

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