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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 513

La mano de Noel se detuvo en el aire.

Pero, un par de segundos después, retomó su tarea de pelar la manzana con calma.

Sus labios se movieron suavemente.

—No.

Tina pareció decepcionada.

—¿Ah? Yo pensaba que serías el Rhett de la tía.

Pero de inmediato, la pequeña recuperó la alegría.

—Es mejor que no lo seas.

—¿Por qué? —preguntó él.

—Porque tú no eres tan viejo como Rhett, y lo más importante es que Scarlett y él no terminaron juntos. Pero yo quiero que tú y la tía Nanette sí estén juntos. Tío, a ti te gus...

—¡Tina!

Nanette gritó, asustada.

Ese grito sobresaltó a la pequeña.

Sabina no pudo evitar reírse por lo bajo.

—Tina tiene problemas del corazón, no vayas a asustarla.

Nanette sabía que había sido impulsiva.

Pero si no la detenía, esa niña seguiría hablando sin ningún filtro.

Podía adivinar perfectamente lo que iba a preguntar a continuación.

Ella ya había dejado las cosas claras con Noel y no quería que volvieran a pasar por momentos incómodos.

Pero Tina no entendía los asuntos de los adultos.

—Tía, ¿pasa algo?

Nanette no supo qué excusa inventar.

Noel le entregó la manzana ya pelada a la niña y preguntó:

—¿Cuándo es la cirugía de Tina?

—Mañana por la tarde —respondió Nanette rápidamente.

Para entonces, el Dr. Méndez, ese especialista experto, estaría presente durante toda la operación.

Eso tranquilizaba un poco el corazón de Nanette.

Aunque la vida y la muerte estaban en manos del destino, seguía rezando para que la pequeña pudiera seguir viviendo.

—¿Tienes miedo? —le preguntó Noel a Tina.

La niña le dio un mordisco a la manzana.

—No tengo miedo. Siento que ya he muerto varias veces, así que no hay nada que temer.

—Muy bien, eres muy valiente.

Sabina se sintió algo impotente, pero era la única opción.

Noel se dispuso a buscar a la enfermera.

—Nanette, acompáñalo —se apresuró a decir Sabina.

Nanette no puso excusas.

—De acuerdo.

En la sala de donación de sangre.

La enfermera le subió la manga a Noel, le dio un par de golpecitos en el brazo y le colocó el torniquete.

Noel cerró el puño.

Bajo su piel radiante y suave, las venas se marcaban con fuerza, como dragones entrelazados, llenos de una tensión explosiva y también de...

Una tensión sexual sumamente atractiva.

Incluso la enfermera no pudo evitar echarle un par de miradas furtivas a su apuesto rostro.

Sss.

Noel frunció el ceño de inmediato.

Resultó que la enfermera, distraída por sus pensamientos, había metido mal la aguja.

Asustada, la enfermera se disculpó rápidamente.

—Lo siento, lo siento muchísimo.

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